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LA NARANJA MECÁNICA ( A Clockwork Orange )
(Cine).

¿QUÉ ES UNA NARANJA MECÁNICA? 

   ¿Cómo puede una naranja ser mecánica? 
Semejante violenta paradoja da título a esta película de Stanley Kubrick de 1971, una de las más famosas y aclamadas de toda su producción, que integra, en vez de enfrentar, a dos polos opuestos: lo más natural y lo más artificial. Una naranja mecánica recuerda a algo que ha crecido de forma torcida, manipulada por la mano mecanicista del hombre, que ha perdido su identidad y se ha convertido en un constructo totalmente diferente, lleno de tuercas ocultas y mecanismos invisibles pulsando bajo una piel sintética, buscando imitar a la naturaleza lo más detalladamente posible.

   La naranja mecánica está basada en la novela homónima de Anthony Burgess, The Clockwork Orange, publicada en 1962 e inspirada en un traumático evento en la vida real del mismo escritor: su mujer sufrió un violento asalto y violación por parte de cuatro soldados estadounidenses, y a consecuencia de la paliza recibida perdió el hijo que esperaba. De este terrible suceso surge Alex, un personaje buscador de la mística en la violencia extrema, en un modo similar al que encarnó en la vida real Charles Manson. Narrador en primera persona de sus peripecias de ultraviolencia al mando de su banda de “droogs” - ‘dogs’ y ‘drugs’, perros y drogas en inglés-, Alex guía al lector – o al espectador, en la película de Kubrick – a través del proceso de reeducación al que es sometido en un intento de convertirlo en una persona socialmente controlable. 

   Este proceso está basado en los experimentos de reeducación conductual desarrollados por Pavlov entre 1890 y 1900, y que dieron origen a la ley del reflejo condicionado. En un proceso inverso al del fisiólogo ruso, la “técnica de Ludovico” aplicada a Alex consiste en proporcionarle, sin que él lo sepa, medicamentos que le induzcan a la náusea para que éste se sienta enfermo al tiempo que le inducen a contemplar imágenes violentas y a escuchar a su adorado Beethoven. Al igual que los perros de Pavlov empezaban a salivar nada más oír la campanilla que precedía la entrega de su alimento, pronto Alex empieza a sentirse enfermo nada más oír a Beethoven o pensar siquiera en la violencia. En él, el experimiento de Ludovico ha resultado ser todo un éxito.

   ¿O realmente ha sido así…? Porque al volver, presuntamente reformado, al mundo exterior, Alex se encuentra con que todos aquellos a los que había dañado en el pasado ahora le persiguen ansiosos de venganza, y conocedores de su punto débil. Empezando por sus fieles Droogs, toda una serie de personajes crueles y enajenados persiguen al joven, ahora incapaz de contraatacar ni de defenderse, para torturarle e inducirle al suicidio. El caso de Alex, seguido con gran interés por la prensa y utilizado como herramienta de promoción política, pierde toda su popularidad inicial y se descubre como lo que es: un experimento irresponsable con los procesos psicológicos de un ser humano que lo ha dejado en unas condiciones lamentables. Al final de la película, y de las ediciones originales del libro, un Alex convaleciente en el hospital recibe la visita del gobernador, el cual le promete un buen trabajo en su partido, protección y beneficios si a cambio colabora con su campaña de lavado de imagen sobre ese asunto. Él, ya curado tras un proceso de descondicionamiento, y disfrutando de nuevo de la música de Beethoven, accede a sus peticiones… mas sabiendo en su interior que vuelve a ser igual que el Alex de antes.

   La película de Stanley Kubrick, abundante en imágenes crueles y grotescas y personajes disfrazados en un eterno y macabro carnaval, busca reflejar lo horrendo del interior de la naturaleza humana: el instinto puro y sin frenos de caza, muerte y obtención por la fuerza de poder y sexo que proviene de nuestro lado más animal. Con su bombín estilo inglés, y su irreverente pestaña postiza, Alex es un malvado completamente puro, transparente y dinámico, creativo en su placer en dañar y dominar a otras personas. Para él, salir a violar y matar es tan natural como irse a comprar un disco o engañar a sus padres para no ir a la escuela. Sin embargo, las personas alrededor suyo no son tan diáfanas: le acusan y temen por sus actos vandálicos, mas cuando él se ve, tras el proceso de condicionamiento de Ludovico, en un estado de completa indefensión y listo para emprender el proceso de convertirse en un ciudadano más, a todos ellos les encanta aprovecharse de la situación y cobrarse fieramente su venganza. Es una forma que Burgess y Kubrick tienen de expresar que, en el fondo, todas las personas son malas, y que todas ellas recurrirían a la violencia según su deseo y placer siempre y cuando algún argumento las justifique o cuenten con algún medio de eludir las consecuencias.

   El capítulo 21 – no presente en todas las ediciones ni en la película de Kubrick – de The Clockwork Orange de Burgess explica cómo Alex, tras volver a su anterior vida, decide que ésta ya no le satisface y hasta le pasa por la cabeza la idea de formar una familia. El mensaje más importante de la novela se encuentra justamente aquí, en el concepto de evolución. Como contraposición a un condicionamiento ciego que no produce cambios en el psiquismo de la persona, sino que más bien coarta su proceso de crecimiento natural y lo pervierte (convirtiendo las naranjas en mecánicas), está el proceso de maduración natural de la persona en base a la propia experiencia. Tan sólo la decisión personal de la persona, firme y honesta de cambiar es capaz de provocar cambios reales de la conducta, que no vengan marcados por el principio de castigo y recompensa sino que procedan realmente desde una parte natural y efectiva de su psiquismo interior. 

   María Concepción Pomar Licc. en Filología Inglesa. Alumna del Gabinete



   COCHINA VIDA SIN LEY

   “Cochina vida sin ley”, dice un mendigo al que un grupo de jóvenes delincuentes maltratan y torturan, haciendo referencia a un mundo caótico donde se reniega las diferencias generacionales, raciales y económicas

   Para su director, Stanley Kubrick, la violencia en todas sus manifestaciones no es un enemigo localizado “en un país exterior”, no son los otros, sino que forma parte esencial de la vida y de la pasión de cada sujeto. Kubrick rechaza la utopía de un mundo sin violencia, o un retorno a un paraíso perdido donde solo imperaría el bien.

   Ya se trate de un boxeador, en su primer cortometraje (El día de la lucha), de un tribunal militar (Senderos de gloria), de un adulto paidófilo (Lolita), la estupenda dialéctica del amo y del esclavo (Espartaco), o la humillación y el horror asesino de los entrenamientos militares (La chaqueta metálica”) sus personajes y escenarios, nos muestran que el odio, la muerte, la destructividad, cabalgan junto con el deseo y la búsqueda de libertad

   Los hombres, como los monos de su 2001: odisea del espacio, conservan siempre el aspecto de bestialidad, aunque se transmuten en astronautas y como ocurre en esta película, luchen a muerte con sus propias criaturas: los cerebros electrónicos de las naves espaciales.

   En La naranja mecánica, los torturadores salen todas las noches dispuestos a vivir una jornada de violencia, en la cual sus ataques están teñidos de erotismo y muerte. Para prepararse antes de esos “viajes”, asisten a un bar donde preparan un cóctel especial de leche y drogas alucinógenas. Una mezcla particular, para lanzarse al abismo de esas experiencias sin significación: solo actos de dolor, placer y caos.

   Uno de los jóvenes de la pandilla asesina, es detenido y sometido a un tratamiento psiquiátrico conductual. Pero, tanto los policías de la prisión como los médicos adquieren visos de sádicos torturadores. Así queda manifiesto, de modo sorprendente la violencia de las instituciones que se supone corrigen la misma.

   No se trata de erradicarla como si se tratara de un virus, sino de estudiar su origen en el contexto de cada individuo y las posibilidades sublimatorias que existen.
Kubrick nos aporta una mirada lúcida y frontal hacia el ser humano, describiéndolo en sus aspectos angelicales y demoníacos, y nos permite reflexionar sobre la esencia del sujeto en la guerra, la familia, las instituciones y la política, pero sin quedar atrapados en las redes de sus imágenes cinematográficas exquisitas.


   Nada más lejano que muchas películas actuales donde vuelan cadáveres, ruedan vísceras, y se desparraman litros de sangre, y que, sin embargo dejan al espectador pasivo con su sarcasmo o insensibilizado, sin motivarle a preguntarse algo sobre la historia (su historia), que se proyecta lejos de él.

   El muchacho aludido anteriormente, dice en un momento: “Yo quiero cambiar, yo no soy malo, es que no sé pensar”.
De eso se trata.

   Guillermo Kozameh
Psicoanalista, Madrid
( Artículo sacado de "Diván el Terrible")


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Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com