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LA RELACIÓN SEXUAL NO EXISTE 
Hombres y mujeres no somos iguales

Empecemos por evidenciar lo obvio: hombres y mujeres no somos iguales.

Afirmación que quizás de entrada pueda chocar con lo “políticamente correcto” de las corrientes ideológicas imperantes de ciertos sectores, llamémosles “alborotadores” de la sociedad que, sin tener conocimiento de causa, pretenden desdibujar la realidad manipulando las emociones para sus intereses partidistas. Sí, tal es el grado de adulteración al que estamos llegando en estos tiempos “modernos” de demagogia y posverdad. A los líderes y agitadores de masas poco parece importarles tergiversar también los conocimientos científicos con tal de amañarlos a sus respectivos idearios políticos. Así que posiblemente, por afirmaciones o axiomas como el anterior, en su insidiosa ignorancia y ligereza de pensamiento, exenta de un mínimo de decoro al conocimiento del que ellos son profanos, en el apasionamiento de sus ideales, los gurús del pueblo y sus parroquianos nos tachen de machistas, fachas o vaya usted a saber qué barbaridad.


La fórmula lacaniana “no hay relación sexual” nos recuerda precisamente eso: la falta de complementariedad entre los hombres y las mujeres, así como sus diferentes formas de gozar. Es decir, la ausencia de armonía entre los dos sexos. Aunque ambos seamos cada vez más iguales a nivel social (¡como debe ser!), anatómicamente somos incuestionablemente diferentes, lo cual va a entrañar Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica, tal y como lleva por título el conocido texto de Sigmund Freud publicado en 1925. De ahí que la relación entre hombres y mujeres no pueda articularse de forma (completamente) satisfactoria. No, al menos desde el punto de vista de un acoplamiento perfecto. Quede claro, el partener no trae consigo de serie lo que le falta al otro para alcanzar la completud en una relación de pareja. ¿Qué completud? ¿Se acuerdan del mito de Aristófanes? Sí aquel que da cuenta de la romántica fábula de ‘la media naranja’ cuyo origen encontramos en la obra El Banquete de Platón. Básicamente se venía a relatar cómo descendemos de un ser andrógino (hombre-mujer) desparecido para siempre en la noche de los tiempos tras la furia desatada en el todopoderoso Zeus, quien los castigó cortándolos en dos mitades. ¿Por qué? Para que disminuyese la fuerza con la que le habían vacilado. A partir de entonces, desde que se consumó dicha separación, el amor es siempre amor de alguien, es decir, la aspiración por recuperar la mitad perdida.

Entendámoslo: como no existe la media naranja, tampoco hay relación sexual, en el sentido que estamos hablando. Hay acto sexual, pero no relación sexual. La diferencia de los sexos produce esta separación. En relación al goce, hombre y mujer gozan sexualmente de forma distinta. Desde la perspectiva del psicoanálisis: de la psicología profunda, el goce masculino es fundamentalmente fálico, y el goce femenino es un goce Otro. Aclaremos: “falo” no es sinónimo del órgano genital masculino, del pene, sino que es un significante de la falta presencial real del deseo. En cuanto al goce, hay que empezar por diferenciarlo del deseo. El goce femenino no es sencillo de localizar ni tampoco de explicar; no es solo clitoriano, sino que puede extenderse a otras zonas del cuerpo. Es un goce que se basta perfectamente a sí mismo y del que aún nada se sabe…


El ser humano es constitutivamente “incompleto”, vale decir que somos sujetos carentes por definición. ¿A qué se debe? A nuestra naturaleza sexual, o sea finita, en tanto en cuanto los seres sexuales tienen una existencia limitada. Y ese, y no otro, es nuestro (verdadero) trauma. No es tanto que haya traumas sexuales, que los hay, como que lo traumático sea la sexualidad. “El hecho de la sexualidad” se contempla como estructurante en sí mismo; es decir, como pasaje necesario para todas las personas. Resumiendo. Con semejante enunciado: “la relación sexual no existe”, Lacan quiere enfatizar este desencuentro de los sexos, a la vez que profundizar en esa falta o carencia que nos caracteriza por nuestra condición de sujetos mortales.

Vayamos a la literatura. Mark Twain en su novela corta Diario de Adán y Eva nos sitúa con grandes dosis de ingenio, humor y ternura frente a este desajuste fundamental entre hombres y mujeres. Colocándonos delante de este eterno malentendido: el que caracteriza el contraste entre unos y otras, basado en la irreconciliable manera de posicionarse en la vida.

Otros autores, con más o menos acierto, como es el caso de John Gray en su bestseller, Los Hombres son de Marte y las mujeres de Venus también han intentado que tomemos conciencia de nuestras diferencias en aras de entendernos mejor…

José García Peñalver
Psicólogo Clínico. Psicoanalista.
Dir. Gabinete Psicoanalítico Palma
Tel. consulta: (34) 871 948 901
www.psicoanalisipalma.com


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Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com