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Sigmund Freud – Stefan Zweig
Una amistad en torno a la Palabra

La amistad entre Sigmund Freud (Moravia, República Checa, 1858-Londres, 1939), médico neurólogo y psicoanalista vienés y el escritor vienés Stefan Zweig (Viena, 1881- Brasil, 1942) fue un algo más que una simple amistad literaria. Significó un encuentro mutuo en y con la Palabra.

La relación entre Freud y Zweig comenzó con la decisión del escritor de enviar al doctor y psicoanalista vienés su segunda colección de poesía; a este primer contacto le siguió un intercambio regular de libros entre ambos además de una fructífera relación epistolar entre dos personas apasionadas por el conocimiento del alma del ser humano.

Esta amistad duró desde el año 1908 hasta el año 1939, año del fallecimiento de Sigmund Freud. El respeto y la veneración por la obra profesional y literaria del amigo fue una constante a lo largo de todos estos años.

Stefan Zweig, nació en Viena en una familia de la burguesía liberal judía; su padre era empresario textil, originario de la región de Moldavia y su madre era descendiente de judíos alemanes. En el año 1900, comienza sus estudios de Literatura en la Universidad de Viena; pronto fue reconocido como una joven promesa literaria y continúa sus estudios literarios en Berlín. En 1904, regresa a Viena y obtiene un Doctorado en Filosofía. Entre 1904 y 1914, viaja intensamente por Europa, poniendo por escrito sus impresiones sobre sus vivencias de aquellos viajes.

Sin embargo, su personalidad brillante y generosa esconde una gran fragilidad emocional y psicológica; Zweig pasó por muchas crisis de angustia y desesperación. Es fácil suponer que el intercambio epistolar y el contacto regular con Freud fuera bálsamo de cura para un espíritu, a veces, tan atormentado. Zweig es ese vástago de familia acomodada a quien le da por escribir y resulta que lo hace bien, muy bien. Y es este alguien que siente desde sus primeras letras la necesidad del reconocimiento, pero no el de los lectores, sino el de aquéllos a quienes él mismo considera como a sus padres, loando así su maestría en el cumplimiento de su labor; quizá por ello se fijó en Sigmund Freud. Dada la diferencia de edad existente entre Freud y Zweig (casi 25 años), éste manifestó siempre un afecto filial por el psicoanalista vienés.

Freud, desde el primer momento, se muestra receptivo a la obra del escritor vienés aunque desde una cierta reserva; otorga un gran valor a la obra literaria de Zweig; Freud considera que los relatos de Zweig, Veinticuatro horas en la vida de una mujer y La Confusión de los sentimientos, son las dos grandes obras maestras de Zweig tanto desde el punto de vista narrativo como por su hondura psicológica. Freud queda maravillado ante la capacidad de Zweig para expresar el alma de sus personajes y considera que Zweig es ese observador que “escucha” con simpatía y amor, que busca comprender lo grande y extraño (Das grosse Unheimliche) del ser humano.

El nexo común entre los dos grandes Maestros fue el estudio del alma humana. Zweig no encuentra explicación, a diferencia de Freud, en la Naturaleza del Mal, la violencia y la crueldad del hombre sobre el hombre.


En el año 1920, Zweig publica el ensayo Tres Maestros, que consta de tres ensayos biográficos dedicados a Honoré de Balzac, Charles Dickens y Fedor Mijailovich Dostoievkski. Freud le comenta que ve con satisfacción su trabajo sobre Balzac y Dickens, no así con el de Dostoievki; la diferencia de criterio estriba en la epilepsia del escritor ruso, que si bien Zweig la considera como tal, Freud la encuadra como una neurosis de tipo histérico. Freud escribe su propio ensayo, Dostoievski y El Parricidio (1928), equiparando la trayectoria de los ‘Hermanos Karamazov’ con el Complejo de Edipo y denominando la histeria como “histeroepilepsia”.

En el año 1931, Zweig publicó un ensayo muy audaz La curación por el espíritu; en la última parte del libro, Zweig escribe sobre Sigmund Freud: ofrece un recorrido por su trayectoria profesional, desde sus inicios en París, en el Hospital de ‘La Salpêtrière’, con los doctores Breuer y Charcot, con las mujeres hospitalizadas aquejadas de la enfermedad de la histeria y sus primeros escritos sobre tal cuadro neurótico, hasta la formulación de la Teoría del Inconsciente. Zweig escribe sobre este concepto tan importante para el estudio del psiquismo humano: “Nuestra vida no flota libremente en el elemento de lo racional sino que se halla bajo la constante presión del inconsciente; cada instante de nuestra vida diaria es arrastrado por las olas de un pasado aparentemente olvidado (…)” para seguir más adelante: “Freud está convencido de que el Inconsciente no es mudo sino que habla aunque sea con otros signos y símbolos distintos de los del lenguaje consciente”. Zweig alaba su capacidad de trabajo de atender hasta a ocho y a diez pacientes diarios más escribir sus ensayos basados en su propia experiencia clínica. En este ensayo se postula como un firme defensor del Psicoanálisis y de la Teoría Psicoanalítica.

En el año 1926, Zweig, desde la cima como escritor consagrado, escribe a Freud: “Usted ha liberado de sus complejos a toda una época y a una multitud de personas… gracias a usted vemos y decimos muchas cosas, que sin usted, nunca hubiéramos visto ni dicho”.

Zweig emprendió gestiones para que se concediera a Freud el Premio Nobel de Literatura; sin embargo, esta actuación no fue del agrado de Freud.

En 1938, un Freud ya exiliado en Londres, recibió a Zweig en su casa por primera vez. Poco tiempo después, Zweig volvió acompañado de varios amigos: Salvador Dalí (1904-1989), entre ellos. Después de esta visita, Freud escribió a Zweig: “En verdad debo agradecerle que haya traído a mi casa a los visitantes de ayer pues hasta ayer, yo me inclinaba a considerar a los surrealistas, que parecen haberme elegido como su santo patrono, unos locos absolutos”.

En 1940, Zweig exiliado ya en Nueva York inició la redacción de sus memorias, El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Es éste un libro impregnado de nostalgia y melancolía que permite presagiar la tragedia vital del escritor; Zweig traza, en este libro, uno de los más bellos retratos literarios sobre Freud que se haya escrito jamás.

Ambos Maestros fallecieron en el exilio; Freud falleció en Londres el 23 de septiembre de 1939. Stefan Zweig murió en Petrópolis, Brasil, el 22 de febrero de 1942.

Francisca Alcover Vaquer
Escritora


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com