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¿QUÉ ES EL INCONSCIENTE?

Imposible hablar del Inconsciente sin referirnos al Psicoanálisis y con él a Freud, su creador, quien a partir de este concepto desafió al pensamiento de la época y a las teorías del conocimiento producidas que se ocupaban de la consciencia. 

No es fácil transmitir un concepto tan complejo, puesto que no hay una sola teorización acerca de lo que es el Inconsciente, sino que existen tres momentos en la teoría psicoanalítica que determinan distintos modos de concebirlo a lo largo de su desarrollo. 

El primero de ellos está en relación a la idea de que es inconsciente aquello que no está en la consciencia. Es decir, el inconsciente seria como un ‘lugar’ donde está aquello que es inconsciente por el hecho de no estar en la consciencia, pero que puede hacerse consciente si prestamos la atención necesaria y hacemos el esfuerzo suficiente. Esto es lo que técnicamente se llama Preconsciente. 

Vemos entonces que, si en este momento se pensaba que el inconsciente podía ser traído de nuevo a la consciencia, el tratamiento debía avanzar en esa dirección. Si el paciente recordaba una vivencia olvidada y hacia consciente lo inconsciente, estaba curado. Pero no es así, a pesar de que aun hoy en día se confunda esto con psicoanálisis. 

Esta primera formulación fue solo el comienzo. Pero la teoría continuó avanzando y Freud comienza a percibir que había recuerdos que se resistían a volver. Como si hubiera alguna fuerza que los mantuviera inaccesibles o como si desde la misma consciencia se levantara una barrera para no dejarlos ‘salir’. La presencia de esta resistencia lo lleva a descubrir otro tipo de inconsciente distinto que, a diferencia del primero, está relacionado con el concepto de Represión. 

Supongamos que ante una situación determinada, surge alguna idea, una representación mental que resulta intolerable y amenaza con romper el ‘equilibrio’ psíquico y emocional, por ende se la reprime. Simplemente, a esa idea ‘traumática’ se le prohíbe el acceso a la conciencia sin que el sujeto sepa nada de eso. Esto ocurre sin que nos demos cuenta. 

 

Ya no se trata, entonces, de un inconsciente del que podemos disponer cuando queramos porque esos recuerdos están reprimidos y desalojados de la consciencia. Sin embargo, aquello que no pudo ganar terreno en la consciencia no desaparece para siempre, sino que muchas veces esos recuerdos retornan aunque esta vez de un modo velado. A esas maneras disfrazadas en las que algo puede volver del inconsciente es lo que se conoce como formaciones del inconsciente y pueden tomar la forma de un chiste, un lapsus, un acto fallido, sueños o incluso de síntoma. Estas son ‘producciones’ conocidas por todos y en su mayoría cotidianas. Esto nos hace pensar que el inconsciente, o mejor dicho sus manifestaciones, están mas presente de lo que imaginamos en nuestra vida. Detrás de cada uno de esos ‘disfraces’ se esconde un sentido a desvelar, un saber que desconocemos y del que paradójicamente nada queremos saber por temor a esa verdad que encierra. 

Pero todavía queda hablar del tercer momento, que refiere a lo que suele llamarse Inconsciente Estructural. Freud a partir de su frase “todo lo reprimido es inconsciente, pero no todo lo inconsciente es reprimido”, trata de dar cuenta de que en el inconsciente no solo están aquellas cosas que expulsamos por ser dolorosas o traumáticas, sino que hay algo anterior. Un inconsciente que nació inconsciente y siempre lo será. Por tanto, el psicoanálisis mismo no escapa al hecho de que todo no se puede y que siempre prevalecerá algo que falta en el sujeto. Esto plantea la noción de individuo ‘sujetado’ a una estructura que lo preexiste, de la que nada sabe y que está en relación con su propio deseo. 

 

Podríamos pensar a este inconsciente como una fuerza que nos impulsa a ir en busca de aquello que puede causarnos sufrimiento. Por ejemplo, cuando alguien dice “yo no sé porque siempre me engancho con el mismo tipo de hombres”, podemos ver como en esta frase se dice más de lo que parece. Es una vivencia que se experimenta como un desconocimiento, algo que viene de un lugar ajeno, y que ‘siempre’ suceda, hace alusión a que no puede evitarse. Allí está actuando esa fuerza que arrasa y no deja elección posible. En esa repetición inevitable, vemos la presencia de este inconsciente. Este comportamiento tiene un porqué que se desconoce, que ocurre siempre y no se puede evitar, por consiguiente, es algo que lleva a una situación que causa dolor y es un síntoma del que se sufre. 

Ahora, tal vez, no resulte tan difícil comprender porque esta manera de concebir al inconsciente conllevo una ruptura respecto al modo de vivir la vida. Pues el centro del psiquismo ya no será la consciencia sino que se desplazara al inconsciente como parte fundamental del mismo. Se plantea una dimensión de lo psíquico irreductible a la consciencia del cual el sujeto es el lugar de sus efectos, cuya motivación el desconoce. Así la sensación de mismidad se tambalea, no resulta confiable, sino que auto engaña, en el sentido de que, muchas veces, nuestras conductas no coinciden con lo que deseamos realmente. Por tanto, detrás de ese saber no sabido, se esconde una verdad única para cada sujeto, una verdad sobre su deseo que insiste en ser reconocido a través de su apariencia de ‘sin sentido’. 

En definitiva, tiene que ver con el posicionamiento del sujeto frente a la vida. La experiencia nos enfrenta constantemente a situaciones que nos dan la oportunidad de entender lo que desconocemos. Se trata de un cambio de mentalidad, de pensar las cosas de otra manera para no quedar atrapados en aquello que es más fuerte que nosotros y que se nos presenta como inevitable. 

 

Para ello, debe existir un deseo de querer conocer esa verdad y tomar consciencia de quienes somos. Pero ese amor a la verdad requiere de un trabajo y del compromiso de un sujeto que pueda y quiera responsabilizarse de lo que dice y hace. Solo de esta manera podremos ser libres de elegir realmente como deseamos vivir.

Soledad Santamaria

Lic. en Psicología 

© Revista Cultural ENKI Nº9. www.revistaenki.com


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Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com