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EL PADRE DE LA HORDA PRIMITIVA

  A lo largo del desarrollo evolutivo de las especies zoológicas, cada nuevo modelo biológico adquirió una serie de cambios anatómicos que le permitieron un rendimiento novedoso respecto al modelo anterior. Cambios que, sumados a las condiciones anteriores, aumentaron la complejidad anatómica dando lugar a nuevas funciones. 

Así fue como los anfibios, a partir de las aletas de los peces crosopterigios, inauguraron dos miembros pares pentadactílicos, lo que les permitió sostener su peso fuera del agua; los reptiles, bolsa amniótica, independizando así su puesta de la cercanía del agua; las aves, endotermia, regulando su temperatura corporal sin dependencia externa y los mamíferos, el viviparismo placentario -que ya aparece anteriormente en algunas especies de tiburones, aunque con características diferentes-, con el que parirán a sus crías vivas incrementando mucho su peso seco. 

 

La idea de una evolución de formas simples a complejas ya había sido planteada anteriormente a Darwin. La originalidad de su trabajo fue dar a conocer cómo llegaron a modificarse las especies, además de organizar las ideas preexistentes en una elaborada teoría que llegaría al público general. Si bien su teoría fue bastante bien recibida en la comunidad científica, no lo fue tanto la explicación de la selección natural, pues faltaba una teoría de la herencia que la sustentara. Esta llegaría más tarde de la mano de Mendel, en 1866, aunque realmente solo fue aprovechada en 1900 cuando se redescubrirían sus investigaciones. 

Darwin se apoyó en el trabajo de los primeros evolucionistas, los de su abuelo Erasmus Darwin y especialmente en los de Jean-Baptiste Lamarck, para elaborar la teoría de la evolución. El hecho de que la teoría formulada por Lamarck en su Filosofía Zoológica (1809) no fuera considerada en su momento motivó que hasta la publicación del Origen de las Especies (1859) se pensara que las especies eran fijas, que en ellas no se producían cambios y que, por lo tanto, no hubiera explicación científica para la variedad y complejidad del conjunto de los seres vivos. Básicamente, este era, y continúa siendo, el modo de pensar de los denominados creacionistas que, al negar cualquier explicación científica sobre el origen de la vida, rechazarían abiertamente los argumentos de la teoría de la evolución y especialmente los referidos a la evolución del ser humano. Para ellos era del todo inconcebible que el hombre fuese un animal más en la escala zoológica; el hombre era alguien especial que provenía de Dios y estaba hecho a su imagen y semejanza, como literalmente se describía en la Génesis bíblica. 

 

 

En el Origen del Hombre, y la selección con relación al sexo (1871), Darwin hace un estudio comparativo de la anatomía humana para ofrecer una acabada explicación científica de su procedencia, concluyendo que, al igual que el resto de especies, el hombre procede de formas inferiores. 

La teoría darwiniana permitió dar un salto cualitativo en el pensamiento vigente ofreciendo una base científica a dichas ideas precedentes. A este respecto, el Dr. Sigmund Freud llegaría a considerar este avance científico del naturalista inglés como una de las tres grandes ofensas imaginarias que la investigación científica asestó al narcisismo o amor propio de la historia de la Humanidad. 

Los trabajos de los anatomistas de la época, como los del biólogo Theodor Bischoff y los del Dr. Alfred Vulpian, le mostraron a Darwin la similitud entre el cerebro del hombre y el de los simios. Además de los caracteres anatómicos entre ambos, las conductas y enfermedades que desarrollaban los grandes simios -chimpancés, gorilas y orangutanes- podían ser muy parecidas a las del hombre. Basándose en estas y otras semejanzas y paralelismos, Darwin planteó la hipótesis de que los hombres primitivos, al igual que los simios, vivían en sociedades. 

Hace aproximadamente 100.000 años hace su aparición en la faz de la Tierra el hombre moderno, Homo sapiens sapiens. Y al igual que sucedió en la evolución zoológica, la especie humana también sufrió en su propio seno transformaciones y cambios, pasando por diferentes etapas y periodos hasta llegar al momento presente, donde las comunidades humanas, tal y como hoy las conocemos, también necesitaron desarrollarse hasta alcanzar la complejidad contemporánea. 

Cómo surgieron las primeras comunidades humanas y cómo evolucionaron estas hasta desembocar en nuestra organizada sociedad actual, es materia de estudio e investigación de diferentes áreas y disciplinas del saber. 

La separación entre el hombre y resto de animales y la propia evolución sociocultural humana es planteada, por ejemplo, desde el filósofo alemán Friedrich Engels, teórico del movimiento comunista junto a Carl Marx, a partir de la idea de trabajo. 

De este modo, considera que será la actividad laboral la que transforma al hombre; un sistema que se retroalimenta a sí mismo en el que los antepasados del hombre desarrollaron la capacidad de trabajar y el trabajo desarrolló al hombre, cuyas características más sobresalientes, como sabemos, son su posición erguida, su capacidad de razonamiento y el lenguaje. Y en este sentido puede considerarse que, en relación a la explicación científica aportada por Darwin, sobre todo en el mencionado trabajo del año 1871 sobre el estudio comparativo del hombre, Engels investiga y se centra en las causas sociales determinantes de dicha separación. 

El término “horda primitiva” lo utilizan tanto Darwin como Freud para designar el origen de las primeras agrupaciones humanas, en las que un grupo humano primitivo era dominado por un macho poderoso. 

Si bien la idea de que los primeros humanos vivieron en hordas fue sostenida inicialmente por los antropólogos del XIX para dar cuenta de dicha forma de organización propia del paleolítico, fue luego sustituyéndose, mayoritariamente, por el concepto de bandas de cazadores-recolectores. Sin embargo, considerar la horda primitiva como génesis de la civilización, estableciendo los fundamentos o bases de esas primeras sociedades humanas, tiene la particularidad de presentar una ambiciosa hipótesis conjetural que a su vez nos permite pensar y profundizar en el origen de los lazos sociales. 

Si para Engels es la división del trabajo lo que dará lugar a una forma más evolucionada de organización social, para Freud será la prohibición acaecida en ese momento mítico inicial lo que permitirá el desarrollo de la misma. 

Freud, apoyándose en la hipótesis de Darwin, sitúa al hombre primitivo en la horda en la que un macho dominante ejercía el poder absoluto. Expulsando al resto de machos de la horda, conservó a las hembras para su satisfacción sexual. Los machos, desterrados y privados de los privilegios de ese jefe dominante, se reunieron un día para revelarse contra su tiranía organizándose para establecer lo que de forma individual no hubieran logrado. Lo mataron y se lo comieron para procurarse sus cualidades. 

Puesto que el jefe era a la vez tan admirado y temido como amado y odiado, en los machos revelados, después del asesinato del Padre, y fruto de esa ambivalencia, surgirá el remordimiento que dará paso a la culpa. Así, curiosamente, el jefe muerto se hizo más poderoso de lo que fue en vida (sirva de ejemplo que entre los muchos rituales de los pueblos primitivos está el de brindar toda clase de ofrendas al enemigo muerto para calmar su espíritu por haberlo matado). 

La horda, entonces, dio paso a la comunidad. Y para evitar que la situación se repitiera, en la que uno de los machos ocupara el lugar del dominante, y se volviera a la situación anterior, se establecieron unas prescripciones para impedir dicha tentación. De esta forma se instaura la prohibición que dará paso a la Ley originando el orden social. 

En 1912 Freud explicará en su obra Tótem y Tabú que el origen de la moral, la ley y la religión se encuentran en el mencionado asesinato del Jefe y en la transformación de la horda primitiva en la comunidad. Es decir, que el “asesinato del padre” y la “renuncia de lo pulsional” son las premisas de las comunidades humanas. 

Artículo publicado en la Sección de Ciencias del Nº5 de la revista científico cultural ENKI: http://www.revistaenki.com/

Claudine García. Licenciada en Ciencias Biológicas. Administradora y articulista habitual de la Revista científico cultural ENKI. Ha cursado el "Seminario de Formación en Psicoanálisis" de 3 años de duración (Temporada 2010-2013 / 1ª Promoción). Miembro del GPP.


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com