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EVOLUCIÓN PSICOBIOLÓGICA

   Es base y condición un beneficio para que un proceso evolutivo tenga lugar. Desde la sopa primordial, hará unos 3500-4000 millones de años, las mutaciones puntuales han ido fijándose, pasando de generación en generación, para que se sucedieran nuevas formas vitales desde aquel caldo de cultivo molecular. La evolución implica novedad, pues cada nuevo estado evolutivo dispondrá de un elemento nuevo del que carecen los estados anteriores a él. La biología da cuenta de este maravilloso recorrido en el tiempo para explicar la compleja organicidad del mundo biológico. 

   La vida se desarrolla inicialmente en el agua, la independencia de este medio será paulatina y se dará por fases. Primero habrá que sustituir las branquias por pulmones y disponer de cuatro patas con las que desplazarse por el nuevo medio terrestre. Dichas adaptaciones son propias de los anfibios, pero éstos no disponen de amnios, la bolsa de agua en la que se desarrollan las formas embrionarias. Es con los reptiles que llega la bolsa amniótica y la puesta puede realizarse lejos del agua. Ahora bien, los reptiles dependen del sol para regular su temperatura, y por extensión su metabolismo. La endotermia llega con las aves, su metabolismo es ahora regulado por funciones hipotalámicas. Luego el viviparismo placentario, que se consolida con los mamíferos (pues los condroictios pleurotremados (tiburones), ya lo pusieron a prueba). Las formas embrionarias de los mamíferos disponen de las mejores condiciones para su desarrollo, con una temperatura, pH, nutrientes, etc, en condiciones óptimas puestas por la fisiología materna. A partir del nacimiento el individuo deberá regular su propia homeostasia, y en algunos casos de forma extraordinariamente rápida. Un ejemplo es el reno siberiano Rangifer tarandus que el vientre materno está a 37ºC y al nacer se encuentra con una temperatura ambiental de -3ºC (si las condiciones ambientales son buenas). Así pues al nacer sufre un cambio de temperatura de entre 40 y 60 ºC, pero no por ello deberá variar su temperatura corporal. 

   El último o más joven de los animales, en esta escala evolutiva, es el animal humano, con unos 100.000 años de antigüedad. Una de las distinciones fundamentales respecto del resto de especies zoológicas será el lenguaje. Algo realmente novedoso, ya que esta “comunicación” será distinta a la que ya poseen el resto de las especies animales, con cuyos medios pueden llegar a la hermosa sincronización que podemos comprobar observando a los delfines en su medio o incluso a los lobos cuando hacen uso de la misma para cazar tan organizadamente en equipo. El lenguaje en el hombre viene dado por otra novedad evolutiva: su peculiar estructuración psíquica. En este importante sentido, dentro del reino animal, el Homo Sapiens Sapiens da un salto cualitativo en la historia de la evolución. A partir de este momento las cosas cambian. 

   La reproducción asexual fue dando paso a la sexual puesto que esta última ofrecía grandes ventajas, esto es, la variabilidad genética que da lugar a la evolución propiamente dicha: los genes mutan, los individuos son seleccionados, las poblaciones evolucionan. Pero la reproducción sexual lleva asociada un peligro: la consanguineidad. Para evitarla los animales tienen establecidas una serie de pautas. Así, por ejemplo, los machos jóvenes de chimpancés, abandonan el grupo familiar, constituyéndose éste como un matriarcado que solo aceptará la entrada de algunos machos con los que no tienen relaciones de parentesco por cortos períodos de tiempo en los que tiene lugar la cópula (aunque esto no significa que no pueda darse un apareamiento entre miembros de una misma familia). Luego habrá que “ganarse” el favor de las hembras, para ello se produce una selección sexual. Selección intrasexual cuando los machos compiten por las hembras o intersexual cuando las hembras (normalmente) escogen a los machos por sus extravagantes expresiones fenotípicas, tal como ocurre en las aves del paraíso.

   El mundo animal se rige por instintos que le son inherentes y que se basan en la cobertura de las necesidades biológicas básicas cuyo fin será el mantenimiento del propio individuo y el de su especie a través de la prole. Instintos que marcan pautas de comportamiento desde el nacimiento. Por supuesto que todos los animales tienen un período de aprendizaje, pero sobre una base innata. El león tiene el instinto cazador, pero no por ello cuando deja de ser alimentado por su progenitora será de inmediato un hábil cazador.

   En el ser humano el instinto no va a establecer ya esa pauta comportamental fija. Por supuesto que hay instintos que van a dar cuenta de unas necesidades biológicas: “Para explicar las necesidades sexuales del hombre y del animal supone la biología la existencia de un “instinto sexual”, del mismo modo que supone para explicar el hambre un instinto de nutrición” (“Tres ensayos sobre teoría sexual” / Sigmund Freud ). Lo que ocurre es que en el animal humano no será suficiente con cubrir unas necesidades exclusivamente biológicas. Las crías de todas las especies de mamíferos duermen una vez amamantados, el cachorro humano también, pero chupeteándose el pulgar o un chupete. Es decir que el bebé va a encontrar una satisfacción extra en la zona bucolabial tras haber sido amamantado. Se trata de una pulsión parcial que va dar cuenta de su desarrollo psicosexual. Pulsiones que rigen en el ser humano, que irán un poco más allá de lo puramente biológico dando lugar a un plus de satisfacción tras la cobertura de las necesidades orgánicas. 

   A partir de este momento las cosas cambian. La estructuración del aparato psíquico humano se presenta entonces de un modo extraordinariamente distinto al del resto de grupos zoológicos, cuyo distintivo será la capacidad de elección. Elección de sus actos por no estar estos dirigidos por sus instintos. Libertad de elección como salto cualitativo en la historia de la evolución. Libertad sin embargo que habría que someter a estudio, pues al parecer se produce un conflicto entre aspectos propios de la especie, que como el resto de sus congéneres animales tiende a la perpetuación de la misma, entre otros componentes evolutivos, con la tendencia a la inscripción de lo individual, cuyo sentimiento de insatisfacción y desdicha suele acompañar al hombre (12 Abril de 2010). 

 Claudine García. Licenciada en Ciencias Biológicas. Administradora y articulista habitual de la Revista científico cultural ENKI http://www.revistaenki.com/. Ha cursado el "Seminario de Formación en Psicoanálisis" de 3 años de duración (Temporada 2010-2013 / 1ª Promoción).


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com