iniciopsicoanalisisarticulosenseñanzadepartamentosnoticiascontacto datos personales

Clinica Psicoanalitica

Arte, Cine
y Psicoanalisis

Literatura y Psicoanalisis

Economia y Psicoanalisis

Otros

MIEDO A VOLAR

- Analizante: No hay manera. Es sentarme y ya me voy.
- Psicoanalista: ¿Tan excitada está?
- A: (Gesticulando) Je, je, je (Silencio) Esta semana no ha hecho falta ni empezar a leer. Creo que con solo ver los libros y los apuntes sobre el escritorio comienza el boicot… Es un castigo… Faltan dos meses, y, de seguir así, ni loca apruebo el examen. Tengo la cabeza en mil cosas. ¿Cómo voy a centrarme en el temario? Cada vez me genera más impotencia esta situación. Me da tanta rabia que tiraría la mesa con todo por la ventana. (Se detiene. Sonriendo) Claro que como vivo en una plata baja, tampoco arreglaría mucho. (Silencio. Con el semblante muy serio). De verdad que estoy aburrida. No sé qué más puedo hacer para centrarme. Usted sabe las ganas que tengo de conseguir esa plaza. Además tengo muchas posibilidades. Significaría tanto para mí ocupar ese lugar… Hemos hablado de lo que me preocupa; en realidad tampoco esas cosas me preocupan tanto. Además, ¿de qué sirve pensar en ellas ?... Son tonterías que me vienen a la cabeza…
- P: Tal vez no hemos hablado lo suficiente.
- A: ¿Y qué más tenemos que hablar? En el fondo son bobadas. Será que soy masoquista y paso gusto de hacerme la puñeta… (Silencio) Son miedos, es verdad. Pero saberlo no hace que me concentre. Y créame que me produce mucha frustración. 
- P: A veces detrás de unos miedos hay otros.
- A: (Con su ironía habitual cuando algo le molestaba) Pues ¡ea!, ya tiene una paciente hasta que se jubile. (Silencio) Vale, según usted, con el puesto de gerente la vida me cambiaría… 
- P: ¿Y usted, no lo cree?
- A: Sí, la vida me cambiaría. Pero, oiga, por esa deducción tampoco piense que le van el Nobel como psicólogo. Le pago para algo más, ¿no? Por cierto, ¿a ustedes les dan premio Nobel?... - P: Efectivamente, parece muy disgustada.
- A: Yo no estoy tan segura de que me cambiará tanto la vida. Y ya sé por dónde va usted. (Se detiene) ¿Por qué cree que dejaría a mi marido?
- P: ¿Le dejaría?
- A: Hombre, no es que sea la joya de la corona, pero… (se detiene )
- P: Pero…
- A: Le quiero.
- P: ¿Lo suficiente?
- A: ¿Qué es esto, un interrogatorio? (Silencio). La verdad es que si sigue haciendo el imbécil, le dejaré. - P: ¿A él?
- A: Muy gracioso. Mi psicólogo tiene sentido del humor, ¡aleluya!... Bueno, ya está bien de cháchara. Vale, no estoy segura de aguantarle lo que le vengo aguantando. Puede que no tenga más paciencia; es más: estoy casi segura que si no espabila, se quedará solito… (girándose) ¡mi marido!

P: ¿Y su hijo? - A: El niño viene conmigo, por supuesto.
- P: ¿Y cómo piensa arreglárselas teniendo que viajar tan a menudo?
- A: (Silencio) No sé. (Silencio) Mi madre como si estuviese muerta; con ella no puedo contar para nada. Y no insista en que la llame.
- P: Sin embargo le preocupa su salud, y el no saber nada de ella.
- A: También me preocupa la salud del Papa, y no le llamo. (Silencio) ¿Usted cree que me castigo?... La vida que llevo no es para echar a volar. Mi vida, o como se le llame a despertar cada día y hacer las mismas cosas rutinarias de siempre, está vacía... Usted sabe que no soy feliz... Soy perezosa; lo sé. Tampoco pido tanto... ¿o sí? (Se emociona) ¿Es pedir mucho hacer lo que me gusta?, dígame: ¿es pedir demasiado no sentirme tan sola después de entregarme tanto? ... Estoy cansada de ver que los únicos que me prestan un poco de atención son los médicos… (se seca los ojos con el puño del jersey; le ofrezco un clínex); gracias… si no fuera porque le vengo a ver, no sé donde estaría… Estoy repodrida de estos dolores. Un día la cabeza me va a estallar, se lo aseguro… Sé que todo es la tensión que acumulo… (Sonándose la nariz) ¿Qué puedo hacer? No tengo dieciocho años…,¡ojalá los tuviese con lo que ahora sé!... Soy una perezosa... me he acomodado a esta vida aburguesada... (Llorando) Estoy hecha un lío..., además de un asco... Pero tampoco puedo entender cómo él puede pasar tanto de mí..., y, encima, el muy cínico me dice que me quiere...Claro, que también dice que soy una enferma y que todo es por mi culpa... ¡cara dura! (gimiendo muy afligida) ¿Usted cree que todo es culpa mía?

P: No, María. Las cosas de pareja siempre son de dos.
- A: No me entra en la cabeza que haya pasado esto...Una va cediendo, dejando pasar el tiempo..., y a al final, cuando te das cuenta, estas pringada hasta el cuello... Debí de marcharme de casa y estudiar para azafata; era lo que me gustaba. De todas formas, al año siguiente mi madre dejó plantado a mi padre... Por favor, llámele. A mí no me hace caso. El tiene que venir a terapia…
- P: Ya se lo ha dicho varias veces. Por el momento, no quiere.
- A: (Llorando muy acongojada) Pero no sirve de nada. Usted mismo dice que nos iría bien tener al menos una entrevista los dos…, luego podríamos hacer terapia de pareja..., o venir por separado..., lo que usted vea, pero... llámele, por favor llámele… (Silencio. Permitiendo que se desahogara y esperando a que estuviese más tranquila).
-A: Sí, hay que respetar la opinión de todo el mundo…, la mía da igual: no cuenta para nada… (silencio; suspirando) Perdón por el numerito que estoy montando…, aunque la culpa la tiene usted…, ya le dije que soy una sentimental... Es mejor que guarde mis debilidades…
- P: No tiene porqué sentirse avergonzada de expresar sus emociones, María. Tiene mucha tensión acumulada y es apropiado que la exteriorice; al menos que la pueda sacar aquí.
- A: No sé qué hacer…, es cierto que él ha ido cambiando en algunas cosas por mí. Tal vez no tengo la suficiente paciencia…, yo le quiero. A veces veo muy claro que las cosas podrían cambiar. Que podríamos ser una familia feliz; bueno, más o menos... Tengo claro que yo no puedo seguir sin ser yo…; es más: creo que si no empiezo a ser yo misma la familia, tarde o temprano, se romperá… (aún con suspiros aunque más serena y “centrada” ) Pero tengo miedo…, mucho miedo… Usted me ha dicho que no tiene porqué ser una cosa por la otra en la vida… ¿es verdad?
- P: Sí, María.
- A: Entonces, ¿puedo realizarme sin tener que abandonar a mi familia?
-P: ¿A diferencia de su madre?
- A: Sí... (Silencio. Entre suspiros y sollozos, sofocados) ¿Por qué me da miedo volar..., si además sé que es lo que debo hacer?
- P: María, cuando usted piensa en volar siente que se va a estrellar.
- A: ¿Cómo aquel sueño que le conté?
- P: Eso es.
- A: Sin embargo, desplegar las alas ha sido catastrófico en mi casa...
- P: Querrá decir en casa de sus padres.
- A: Como quiera, pero ha sido un desastre.
- P: Sus padres ya se llevaban mal antes de que su madre se marchara con ese hombre. En su familia, usted tiene claro qué hacer para no terminar separándose.
- A: Es miedo a volar..., sí. Pero, tampoco se nace enseñado.
- P: Volar, también, requiere un aprendizaje.

(Del libro "Hay otra manera de vivir")

José García


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com