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TRASTORNOS PSICOSOMÁTICOS

I. INTRODUCCIÓN 

   II. PSICOANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DE LOS TRASTORNOS PSICOSOMÁTICOS 

   (...) Bastaría con remitirse a Freud en uno de sus primeros escritos - “Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas (1893) – para comprobar como desde el comienzo queda establecida la diferencia entre los trastornos funcionales – en este caso las parálisis histéricas -, en donde lo que hay es una alteración funcional, una simbolización llevada a cabo por el mecanismo de la conversión de las neurosis histéricas, y la lesión orgánica propiamente dicha – léase estructural – ejemplarizada en este caso por la lesión orgánica cerebral. 

   Fue Franz Alexander quien insistió posteriormente en separar el dominio de la histeria de la llamada neurosis orgánica, aclarando que si el mecanismo fundamental de la histeria es el de la conversión, el mecanismo principal de las afecciones psicosomáticas correspondería a las somatizaciones – o repercusiones corporales de las emociones -. Por lo tanto, lo que vendría a caracterizar a los síntomas de conversión es su significación simbólica, ya que dichos síntomas expresan a través del cuerpo, representaciones reprimidas. Así, en tanto en la histeria el sujeto se sirve de la conversión para intentar resolver sus conflictos inconscientes, en los trastornos psicosomáticos el conflicto básico permanece sin resolverse. 

   La patología conversiva constituye un trastorno de la expresión voluntaria; esto es, por un lado afecta a la musculatura estriada de inervación voluntaria, y, por el otro, sus manifestaciones corresponden a conductas ya avanzadas en el desarrollo psicológico y comprenden incluso el lenguaje y el gesto. El trastorno psicosomático se expresa dentro de la esfera de las funciones automáticas, es decir, a través de los órganos de fibra lisa que poseen inervación vegetativa. A pesar de que la patología conversiva pueda abordar síntomas que impliquen funciones orgánicas, no es posible reconocer la lesión en el sentido anatomopatológico del término, pudiendo, además, contrariamente a la perturbación psicosomática, ser reversibles instantáneamente bajo determinadas condiciones; de este modo, la vida no suele estar amenazada como en el psicosomático. Enfermedad psicosomática, pues, como una respuesta primitiva, autoerótica, tratando de resolver, en el cuerpo, el aumento de tensión de un conflicto no elaborado.

III. ESTUDIO SOBRE LOS TRASTORNOS GASTROINTESTINALES 

   El aparto digestivo parece ser el más sensible a las emociones de todos los aparatos y sistemas de nuestro organismo. Las relaciones psicosomáticas son especialmente importantes en el terreno de la nutrición donde la manifestación somática de la alteración psíquica se expresa de manera muy significativa. El alimento y las sensaciones corporales agradables ligadas a la primera fase de la nutrición explican la frecuencia de los trastornos alimenticios debidos a factores afectivos. Las reacciones gástricas psicosomáticas no tienen por qué penetrar necesariamente en el dominio de la conciencia. Así, en algunas personas, un “hambre” simbólica de protección o amor puede actuar sobre el estómago de forma que parece como si hubiera que calmar una auténtica necesidad de alimento. 

   La asociación simbólica “alimento” y “amor” tiene una importancia decisiva, poniendo de manifiesto cómo una actitud instintiva procedente de conflictos inconscientes provoca un determinado comportamiento; un buen ejemplo de ello seía la úlcera péptica. 

   ÚLCERA PÉPTICA: Las teorías psíquicas de la génesis de la úlcera están basadas en el psicoanálisis. Los trabajos d Alexander al respecto han sido confirmados y elaborados posteriormente por otros autores. Las tendencias psicodinámicas se concretan en torno a las necesidades oral-dependientes de estos pacientes, o sea, a fuertes necesidades de ser alimentado, cuidado y amado por la madre o sus adultos. Pero, por otra parte, estas necesidades de tipo regresivo y pasivo, a la vez que buscadas inconscientemente, pueden ser mal aceptadas y negadas, creándose una situación conflictiva para el paciente, quien la resuelve a menudo mediante una fachada reactiva antagónica, pareciendo ser muy independientes, ambiciosos, controlados e hiperactivos. Esta actitud de exigencia oral crónicamente frustrada hace que el ulceroso presente un “hambre crónica” de amor, o más bien un “hambre de nutrición narcisista”, provocando este hambre permanente las mismas reacciones fisiológicas que le hambre normal, siendo la hipersecreción crónica la causa inmediata de la úlcera. 

   COLON ESPÁSTICO (COLON IRRITABLE): En esta enfermedad, otra afección psicosomática frecuente, caracterizada por una tendencia en la que le colon reacciona a todo estímulo ya sea por medio del estreñimiento o la diarrea, dichas reacciones psicosomáticas serían la consecuencia de la fijación del sujeto a la fase anal de su desarrollo libidinal, careciendo de importancia el estímulo desencadenante de la excitación. Este cuadro alternante de diarrea y estreñimiento proviene de pulsiones anales inconscientes que ejercen su acción de manera permanente, donde el hecho mismo de la alternancia opuesta de los síntomas nos muestra el establecimiento de un posible compromiso entre las tendencias a la generosidad o a la mezquindad, al control o al descontrol, al orden o al desorden, a la limpieza o a la suciedad. 

   Para concluir este recorrido relámpago sobre los trastornos psicosomáticos, unas palabreas acerca del paciente y el tratamiento. La enfermedad orgánica, cuando está psicogenéticamente determinada, constituye una de las más rígidas defensas del sujeto, asociando la ansiedad, cuando esta hace acto de presencia, a sus dolencias físicas. Un paciente, pues, con gran dificultad para expresar sus problemas emocionales de una manera no somática, como si eludiese la responsabilidad de su enfermedad, aislando el órgano enfermo y presentándolo al médico para que éste lo diagnostique y lo cure. Y una creencia, la de su explicación de un origen puramente orgánico en el proceso de enfermar, que le condicionará, en detrimento propio, a rechazar cualquier “tratamiento por el espíritu”, es decir, a través de la palabra. Freud en su artículo sobre el “análisis profano” propugna el valor autónomo del psicoanálisis y señala, además, que no es nunca conveniente reunir en una sola mano dos tratamientos: el psíquico y el orgánico. 

 (Turno de preguntas para los asistentes) 

 (Parte de la ponencia, dividida en los tres apartados expuestos, dictada por la médico psiquiatra y psicoterapéuta Dª Caridad Díaz-Faes y el psicólogo clínico y psicoanalista D. José García Peñalver durante el Congreso Internacional sobre Clínica Psicoanalítica celebrado en Madrid, del 9 al 13 de julio de 1997. Dicho Congreso, auspiciado por el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de la Autonomía de Madrid, fue declarado de Interés Sanitario por el Ministerio de Sanidad y Consumo, y por la Comunidad de Madrid. Las Actas del mismo se publicaron en un libro de la editorial Grupo Cero titulado: “Clínica Psicoanalítica: Enfermedades mentales, proceso del enfermarse, diagnóstico y tratamiento”). 

 FOTO: Franz Gabriel Alexander ( médico y psicoanalista húngaro - 1891 Budapest / 1964 Palm Springs, California. Graduado del Instituto Psicoanalítico de Berlin, estudió y desarrolló la medicina psicosomática )


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com