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MENOPAUSIA Y DEPRESIÓN

Etimológicamente la palabra menopausia deriva de los vocablos griegos meno (sangrado, menstruación) y pausis (cese). Por lo tanto podemos definirla como la desaparición de las “reglas”, la cesación a de la menstruación. Situación ésta que podemos englobarla bajo otra más genérica a la que damos el nombre de climatério. Período climatérico en el cual se concluye el cese definitivo de los síntomas antes mencionados donde además aparecen otras alteraciones psíquicas asociadas constituyéndose como la etapa en donde la mujer pierde su capacidad reproductora. El descenso en la producción de hormonas sexuales que ocurre tras este período de decrecimiento gradual de la ovulación y cese de la menstruación afecta a las mujeres de diferentes maneras. No hay dos mujeres que experimenten la menopausia exactamente igual. La irregularidad en sus períodos, que en ocasiones pueden extenderse a varios años hasta su completa finalización y los síntomas asociados , que tanto pueden manifestarse después de que se hayan interrumpido los períodos como antes: sequedad en el pelo, piel, vagina, uretra y en los alrededores de la zona genital, así como las sofocaciones, cansancio, dolores en las articulaciones y también cambios de orden emocional como estados de tristeza y abatimiento, jaquecas, desvanecimientos y alteraciones del sueño, entre otras, permitiendo establecer diferencias en cuanto a la manera de experimentar esta variada sintomatología, su combinación y su duración

Por su parte la palabra depresión proviene del latín deprimire que significa hundir. Y hundir está en relación con el sentimiento de tristeza, de abatimiento que afecta al sujeto aquejado de síntomas depresivos. Sin embarg , es importante diferenciar entre los estados de tristeza normales, a los que Freud denomina duelo, de la depresión considerada patológica: melancolía. Distinguiéndose esta última tanto por su duración en el tiempo como por su intensida , debido a la influencia que los factores inconsciente ejercen en la vida anímica del paciente. 

   Hombres y mujeres sufren diversas pérdidas a lo largo de su vida, ocasionándoles un sentimiento de tristeza por el objeto amado y perdido. Dicha tristeza, según cierta tendencia o disposición psíquica de la persona en cuestión, digamos, a identificarse con ese “algo” perdido, acabará cursando como un proceso de duelo o derivando hacia una melancolía. Básicamente es la distinción entre lo que se considera un ejercicio circunstancial propio del suceder mental y lo que ya sería una forma clínica del mismo, donde sí hay que hablar de perturbaciones graves en el psiquismo del sujeto. 

   Posiblemente la duplicidad estadística de los casos de depresión femenina, en comparación con los varones, se explique por el número de afecciones exclusivas de la mujer: depresión premenstrual, depresión post-parto, depresión de la mediana edad o el síndrome del nido vacío, todas ellas formas clínicas que son nombradas por circunstancias que viven las mujeres en particular y donde se enfatiza la noción de pérdida. 

   Sin embargo, y puesto que no todas las mujeres las padecen no es posible llegar a un consenso médico donde se identifique su aparición con los cambios hormonales, que sí acabarán produciéndose en todas. Estas formas de melancolía asociadas a la mujer estarían, por consiguiente, más que con las alteraciones del ciclo biológico, relacionadas con esas épocas de la vida en las que ellas se ven afectadas por varias pérdidas entre las cuales hay algunas de especial relevancia debido a su necesidad de un trabajo previo de simbolización. 

   El ocaso de la función reproductora va a coincidir en una mayoría de ellas con la época donde los hijos se marchan de casa emancipados. (Bueno, emancipados, es mucho decir). 
Entonces, para poder pensar en la depresión, cuyos síntomas centrales son la tristeza, el pesimismo, el descontento de sí mismo marcado por los reproches, junto a una pérdida de interés por el mundo exterior, desde el psicoanálisis tomaremos a la menopausia como un significante. Un significante en el sentido de un “algo” más que el hecho biológico. En realidad “un menos” que irrumpiendo en la vida de las mujeres en un momento muy especial, las sitúa frente a un acontecimiento que tiene que ver con la verdadera marca del ser humano: su existencia finita, su “propia” vida. 
Dependiendo de cómo esa marca ( lo que rodea para cada una de sobre esa imposibilidad fisiológica para gestar, para procrear ) ,las marque; en función del posicionamiento subjetivo frente a la falta constitutiva y constituyente, se deprimirán o no. 

   Afortunadamente, no hay que olvidar que la mujer, en la sociedad actual para producir no necesita reproducir. Reproducir, parir, es una elección de la mujer que no condiciona su “ser mujer”. Por lo tanto, no puede haber ninguna “caducidad” del concepto mujer asociado al climaterio. “Servir” o “valer”, como en el hombre, no son nociones susceptibles de jubilarse con la edad, en tanto en cuanto la producción tiene que ver con la creación.
Por consiguiente, la relación narcisista marcada por el amor al propio cuerpo, a la imagen corporal, que es característica y reflejo de determinados arquetipos estético-sociales, irrumpe en mitad de su vida como un corte. Cortando el ideal donde muchas se sostienen. Tajadura de lo que para muchas es ser mujer, lo cual la hará enfrentarse e intentar sobrellevar una herida tan profunda como esa hendidura que lleva entre las piernas. 

 (Charla-coloquio impartida en junio de 2000 en la sede del Gabinete, a cargo de la Dra. Pilar Casasnovas y del psicoanalista José García)


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com