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El DOLOR de un VACÍO

PÉRDIDA Y MELANCOLÍA

   ¿Quién no ha sufrido la pérdida de alguien querido, de algo valioso?. ¿Quién no ha tenido que dejar algo que creía muy suyo para recorrer el camino que le ha llevado a ser lo que es, a encontrarse en donde está?. ¿Acaso no les costó separarse de un ser amado, de un ideal, de ciertas ilusiones?. ¿O es que en todos los casos esa separación se ha llevado, finalmente, a cabo; quiero decir, terminaron, por ejemplo, de separarse de ese amor, de aquel desamor, sólo porque ya no estén físicamente a su lado?.

A menos que ustedes crean que “la separación” ocurre cuando uno se separa; que se deja de estar unido a las personas o a las cosas con las que les ataron lazos afectivos muy fuertes, simplemente, con determinados movimientos geográficos –creyendo, ingenuamente, que la distancia es el olvido-, podría resultar extraño el hecho de que, mucho tiempo después de una pérdida, de una separación, de un desengaño..., se siga estando, a veces, profundamente afectado. Afectado hasta tal punto que somos ajenos a cualquier circunstancia que ocurra fuera de nuestro mundo interior, absortos en la encrucijada de esa vorágine emocional en la que estamos atrapados. 

   A este estado continuado de tristeza en la que el sujeto, sintiendo que ha perdido algo irrecuperable para él, deja de mostrar interés por el mundo exterior, convencido de que ya nada volverá a ser como era, le denominamos melancolía. Y es que en no pocas ocasiones el vacío que nos producen determinadas ausencias, reales o no, es tan desolador que no es fácil hallar el consuelo necesario en ninguna otra cosa. Proyectos inacabados; sueños que en lo imposible de su realización, acaban por convertirse en pesadillas; ilusiones en las que insistimos en ocultarnos para seguir huyendo...De este modo, si nada puede reemplazar esa pérdida, no hay posibilidad de sustitución. 

   Por eso que, entre lo que podríamos denominar un estado normal de duelo: de aflicción tras la muerte, por ejemplo, de un familiar, o ante la pérdida de un trabajo o después de una ruptura sentimental, y el sentimiento de pena interminable: de tristeza crónica, supuestamente desencadenadas a raíz de dichas circunstancias desafortunadas, se halla la diferencia entre la salud y la enfermedad. Entre la tristeza no patológica y una cuota de afectación que envuelve al sujeto inhibiéndole de su quehacer cotidiano.

Sabemos que tristeza no es sinónimo de enfermedad. Luego, confundir los momentos de duelo, de elaboración de ciertas pérdidas, de no poco desapegos; confundir la tristeza - aquellos instantes en la vida del ser humano donde la duda, la zozobra, la incertidumbre, caracterizan nuestro estado emocional- con la depresión, es creer, simplonamente, que existe la posibilidad de no experimentar ni una pizca de angustia, de inquietud. Creer ilusamente en la existencia de un psiquismo donde todo sea apetecible, encajable, placentero. Es decir, donde sea posible alcanzar un grado tal de satisfacción que nos permita obtener esa plenitud anhelada. 

No, con la tristeza no puede terminarse, como tampoco se puede dejar de tener celos o de sentir amor y odio. El sujeto debe aprender a arreglárselas con la tristeza, para que ésta no acabe convirtiéndose en una depresión melancólica. 

El psicoanálisis nos permite trabajar con la angustia para hacer con ella otra cosa que síntomas. Algo diferente a permanecer indefinidamente en esa posición psíquica profundamente dolorosa de ensimismamiento. El psicoanálisis, al romper con la ilusión de una felicidad absoluta, con esa plenitud engañosa con la que fantasea el melancólico, se acerca a su dolor de un modo diferente posibilitándole la construcción de un recorrido nuevo que le conducirá hacia un estado de salud. 

 Foto: fragmento cuadro "El dolor" ( 1,00 x 0,81 m ) / Nadejda Alekhina 

 Fragmento del cuadro "Melancolía" (1874) (19 x 25cm) / Edgar Degas (1834-1917)

José García Peñalver
( Publicado en diario “Última Hora”. Año 2007)


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com