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¡POR TU CULPA!

Tú me haces sentir así!. ¡ Por tú culpa estoy mal,!. ¡Eres la causa de mi sufrimiento, de mi infelicidad!..., frases que seguimos escuchando. Frases que continúan pronunciándose para evitar el “examen de conciencia”: cuestionarnos, “mirarse por dentro”, la auto-reflexión. Palabras para no decir, para excusarnos. Aunque, por otra parte, ya sabemos lo que dice el saber popular en forma de sentencia sobre este particular: “el que se excusa se acusa”. Frases, en definitiva, para no hacernos cargo de lo que nos sucede. Para no asumir una actitud responsable: comprometida con lo que nos pasa o deja de pasar. Sobre todo cuando “eso” se repite en nuestra vida. ¿ O acaso, todavía, seguimos imbuidos por ese pensamiento primitivo de que “el mal”, el mal-estar, viene siempre de afuera ?. 

   Es cierto que la mayor parte de la Historia de la Humanidad se ha escrito echándole las culpas al otro. Sí, una historia de desplazamientos: del Otro de mi, al otro como prójimo. Ese Otro, transformado en enemigo exterior, que amenaza mi bien-estar. Y es que parece más sencillo “vencer” lo extraño-propio, el “extanjero” que todos llevamos “adentro”, el “elemento” que me perturba, si lo colocamos en el semejante como intruso . 

   Conocemos, sin embargo, desgraciadamente, los resultados de esa lógica ignorante de cambiar el mundo sin cambiar ni un ápice nosotros. Esa lucha infantil y cruenta entre “moros y cristianos” en pos de “la verdad”, “la pureza de sangre o de alma”, “el bien”..., “la salvación” . Y es que sin una posición ética, la sombra del fanatismo, bajo los más sutiles disfraces, se seguirá cerniendo sobre nosotros.

Pensar que si me siento mal es porque “estoy enfermo”, tampoco, es haber avanzado mucho. “Estoy enfermo, ¡ y punto !”; o, “tú eres quien me altera, ¡ y no se hable más!”, es una ingenuidad cruel. Concebir que los trastornos psicológicos o afectivos (llámense fobias, depresiones, obsesiones, problemas sexuales, adicciones o cualesquiera otras formas de inhibiciones, disfunciones o alteraciones psíquicas o psicosomáticas ) se producen “aparte” del sujeto, o sea, ajenos a su estructura psíquica, implica no haber trascendido el modelo organicista clásico. 

   Persistir en el grave error teórico de confundir el síntoma con la enfermedad. Algo que hace ya casi un siglo, allá por el 1916, el Dr. Sigmund Freud dejó bien claro en uno de los trabajos más leídos dentro de su extensa obra: “Teoría General de las Neurosis”. En uno de los apartados de dicho texto titulado “Vías de formación de síntomas”, explicaba: “Para el profano son los síntomas lo que constituye la esencia de la enfermedad, y, por tanto, la considerará curada en el momento en el que los mismos desaparecen. En cambio, el médico establece una precisa distinción entre ambos conceptos y pretende que la desaparición de los síntomas no significa, en modo alguno, la curación de la enfermedad”. 

   Llamaremos, por tanto, proyección al movimiento que supone desplazar el conflicto(cualquier conflicto) de lo interno a lo externo. Conflicto psíquico que provoca la tensión causa del dolor, en sus diferentes manifestaciones sintomáticas. Socialmente podemos verlo en el ejemplo de los países que intentan “distraer” sus tensiones internas , sus asuntos no resueltos, con una política beligerante hacia otros. A nivel personal, imitar dicha estrategia del avestruz, consistiría, por ejemplo, en pensar que mis ataques de celos me los provoca mi pareja; que la causa de mi duelo interminable hay que buscarla en la bioquímica; que mis insoportables cambios de humor son fruto del cambio estacional ( o del calentamiento del planeta, que es como más “moderno” ); que el miedo a volar es el miedo a volar en avión, en globo o en ala delta ; que mis actos de violencia los provocan de las películas de acción; que se me fue la mano por culpa del alcohol... 

José García Peñalver
(Publicado en diario "Última Hora". Año 2007)


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Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com