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La etiología psíquica de la HISTERIA y el nacimiento del PSICOANÁLISIS

ABSTRACT 

   The goal of this work is centered of the reconstruction of the period, fundamental for the progess of the science, that runs nearly from the last quarter of the XIX century to the beginning of the XX century. A crucial yers when, for the first time, the importance of the psychic in the disease process is set up in the sine of medicine, with the strictness and systematization necesary. An old discusión – the interrelation between body and mind – that obtained the scientific status that was requierd for its inscription in the History of Knowledge. An event that was not occurred without the research and studies done about the clinic of that embarrasing pathology of the moment: hysteria. One stage wich final result is the production of the concept of inconscience. A discover which important consequences transcend the medical land where it appeared, extending its influence even in the way of think the throught.

   RESUMEN 

   El objetivo de este trabajo está centrado en la reconstrucción de aquel período fundamental para el progreso de la ciencia que abarca, aproximadamente, desde el último cuarto del siglo XIX hasta principios del XX. Unos años cruciales donde se plantea por vez primera, en el seno de la medicina, con el rigor y la sistematización necesarias, la importancia de lo psíquico en los procesos de enfermar. Una vieja discusión – la interrelación entre la mente y el cuerpo – a la que finalmente se le dio el estatuto científico que requería para su inscripción en la Historia del Conocimiento. Acontecimiento que no hubiese tenido lugar sin las investigaciones y estudios llevados a cabo en la clínica de aquella desconcertante patología del momento: la histeria. Una etapa cuyo resultado fina será la producción del concepto de inconsciente. Descubrimiento cuyas importantes consecuencias trascenderán el campo médico en el que se gestó, influyendo, incluso, en la propia manera de pensar el pensamiento.

 _________________APARTADOS________________
1) ALGO POR DONDE COMENZAR
2) HISTÉRICAS E HISTÉRICOS
3) APROXIMACIONES HISTÓRICAS
4) RECONSTRUCCIÓN DE LAS ETAPAS PREVIAS
5) DE LA TEORÍA DEL TRAUMA A LA DEL INCOSCIENTE
6) LAS NEUROSIS: DEFINICIÓN Y GENERALIDADES
7) MECANISMO DE PRODUCCIÓN EN LA HISTERIA
8) LA HISTERIA HOY
9) PARA CONCLUIR...

1. ALGO POR DONDE COMENZAR 

   ¿Qué ha sido de las pintorescas histéricas de finales del siglo XIX? . ¿Dónde encontrar, hoy, aquellos desmayos espectaculares; esas siluetas tan delicadamente femeninas de la literatura romántica decimonónica, desplomándose magistralmente después de un traspiés incierto?. ¿Qué fue de aquellas sobrecogedoras convulsiones donde los cuerpos se retorcían esperpénticamente, estremeciendo, con sus gemidos las almas puras de una sociedad mojigata que no parecía dispuesta a reconocer su doble moral en el sentido del síntoma?.

   Esquisiteces en forma de desfallecimiento. Conmovedoras pinceladas de rubor envueltas en un azoramiento virginal sospechosamente casto. Parálisis desconcertantes denunciando la hipocresía de una inocencia henchida de prejuicios.
Una pulcritud, por otra parte, insostenible detrás de la eclosión de semejantes manifestaciones jugosamente llamativas para los sabuesos de la ciencia.

   Cegueras, tics, contracturas, llanto, risas, apatía, voluptuosidad..., estigmas sensoriales y motores en los que permanecía atrapado el significante “mujer”. ¡Cómo si la mujer no tuviese otra posibilidad que la de ser histérica.!

   2. HISTÉRICAS E HISTÉRICOS 

   La palabra histeria alude etimológicamente al útero. “Hystera” deriva del griego y significa matriz, siendo, precisamente, el peso de su procedencia filológica la que determinará su propio destino desde tiempos de Hipócrates (S. IV a. de C.) hasta los albores de siglo XX. Así, la histeria va a considerarse como una enfermedad de la hystera, es decir de la matriz. Algo que supondrá que durante un largo período de la Historia del Pensamiento vayan a quedar solapados dos aspectos de la misma como caracteres principales:
- anomalía funcional de un órgano sexual
- perturbación correspondiente a las mujeres.

   Correspondería al prestigioso neurólogo francés Jean Martín Charcot (1825-1893) desarticular tales convencionalismos, despojando a las mujeres de esa peculiar exclusividad femenina. A partir de entonces, los hombres también podían quedar afectados de dichos “trastornos nerviosos”.

   En una nota necrológica sobre el gran maestro de la neurología francesa, escrita por Freud el mismo mes de su fallecimiento, nos dice: Simultáneamente a la fundación de la clínica y al trueque de la cátedra de Anatomía patológica por el de Neuropatológía, experimentaron las inclinaciones científicas de Charcot un cambio de orientación, al que debemos uno de sus más bellos trabajos. Declaró, en efecto, cerrada la teorís de las enfermedades nerviosas orgánicas y comenzó a dedicarse casi exclusivamente a la histeria, la cual quedó así constituida, de una sola vez, en el foco de atención general. (...) El gran trabajo de Charcot devolvió primeramente a este tema su dignidad y dio fin a las irónicas sonrisas con las que se acogían las lamentaciones de los pacientes. Puesto que Charcot, con su gran autoridad, se había pronunciado a favor de la autenticidad y objetividad de los fenómenos histéricos, no podía tratarse como se creía antes de simulación”

   3. APROXIMACIONES HISTÓRICAS 

   Antes, incluso, que en la antigua Grecia, la medicina egipcia (según el papiro de Kahún del año 2.000 a. de C.) se refería a la histeria con la misma explicación patogénica que la sostenida por el padre de la medicina, atribuyendo a su origen uterino la causa de síntomas tales como convulsiones, parálisis o el globo en la garganta.
Sobre este particular es interesante, a modo de paradigma, la opinión de la filosofía clásica, representada por Platón (429-324 a. de C.), contemporáneo de Hipócrates, donde las migraciones uterinas van a estar en la base de dicho trastorno. Así, en su obra “Timeo” escribe: “En las mujeres, lo que se llama matriz o útero es como un ser vivo poseído por el deseo de hacer niños. Cuando durante mucho tiempo, y a pesar dela época favorable, la matriz sigue estéril, se irrita peligrosamente; se agita en todos los sentidos en el cuerpo, obstruye los pasajes de aire, impide la inspiración, somete así al cuerpo a las peores angustias y le ocasiona enfermedades de toda clase”.

   El tratamiento propuesto consistía, obviamente, en intervenciones sobre el aparato reproductor femenino, tales como el incremento de las relaciones sexuales, fumigaciones vaginales, embarazos, y “arreglos” afines que supuestamente aliviarían tanto furor. Es decir, el remedio radicaría en hacer volver al útero errante a su lugar de origen impidiendo los problemas de constricción y sofocación causados por los “desplazamientos” del mismo.

   A este respecto, poco varió la situación entre los romanos, siendo Galeno (S.II d. de C.) el máximo representante de una etapa de síntesis basada, fundamentalmente, en el modelo médico anterior. En la Edad Media, la expresión individual de los fenómenos histéricos se va a desplazar hacia manifestaciones colectivas, tales como danzas u otras expresiones características de esta Europa oscurantista.
Las interpretaciones que se hacen de la histeria en este período estarán determinadas, como vendrá a ser habitual, por el contexto histórico del momento. Así, salvo contadas excepciones, y dentro de la cultura occidental, las explicaciones van a estar en consonancia con las ideas sobrenaturales y mágicas que imperaban entonces acerca de la enfermedad mental en general, siendo los síntomas corporales el sigo de un triunfo de la influencia de las fuerzas del mal.
Fenómenos de masas ocurridos en torno al siglo XIII, envueltos de este fanatismo religioso, tales como el “tarantismo” o “baile de San Vito” u otros como las blasfemias por parte misma del clero, y todo tipo de conductas extravagantes, individuales o conjuntas, catalogadas de “brujería”, fueron la tónica dominante.
Por lo tanto, lo que antes se había llamado histeria, tomó, ahora, el nombre de posesión diabólica, constituyendo las practicas exorcistas y demás castigos aberrantes el recurso inquisitorial que ha dejado una crónica tan espeluznante en nuestra historia.

   Ya e la época de Renacimiento, a partir del s. XVI, con Paracelso (1493-1541), se inicia una aproximación humanitaria hacia el enfermo, consiguiendo, por una parte, distanciarse de la etiología organicista clásica, y por la otra, rechazar los postulados demonológicos del terrorífico medievo.
Al admitir causas psicogenéticas en el origen de este tipo de trastornos, se iniciará una nueva concepción que traerá como consecuencia, a su vez replicas somáticistas – tal será el caso, por ejemplo, del médico británico Willian Cullen, introductor del termino “neurosis” -. De este modo, comienzan a convivir corrientes diferentes en busca de la etiología de la histeria, donde, básicamente, la dialéctica estaba centrada en torno a la importancia de lo físico o lo psicológico en el transcurso de la enfermedad. Una arcaica polémica – la de dónde recae, en los desórdenes, el acento: si en lo somático o en lo anímico, que ha sido, de alguna menra, objeto de especulación y estudio en todas las épocas. Y así, hasta hace sólo poco más de un siglo.
Evidentemente, y sobre todo a partir del siglo XVIII, en lo que podríamos denominar la reciente historia asistencial de los trastornos mentales, van a producirse situaciones muy destacadas y, también, novedosas e influyentes. Baste recordar para ello la aparición en Francia de la destacada figura de Philipe Pinel (1745-1826) con la revolución higienico-sanitaria que ello supuso.

   No será, sin embargo, hasta finales del s. XIX cuando se considerará a la histeria como una afección psíquica formalmente definida. El salto a una etiología específica, constituirá la avanzadilla de una serie de precisiones valiosísimas que desembocarán, inevitablemente, en el hallazgo capital de una etiología psíquica, abriendo el camino de las trascendentales consecuencias que de ello se habrían de derivar.
A pesar de que debamos a Charcot la consideración definitiva de la histeria como una enfermedad psíquica bien definida, será Freud quien establecerá, como factores psicopatológicos específicos de la misma, lo etiológico puramente psíquico, en el sentido de “representacional”, circulando sus hallazgos, en estos primeros momentos, junto a la de los principales descubrimientos psicoanalíticos.

4. RECOSTRUCCIÓN DE LAS ETAPAS PREVIAS

   Una de las implicaciones de tan cruciales momentos fue, precisamente, la aparición de la psicoterapia contemporánea. Algo que sucede cuando la medicina oficial reconoce la naturaleza psicógena de las neurosis, cuyo primer eslabón fue la progresiva desvinculación de ciertas formas de ellas de las clasificaciones patológicas tradicionales.
También, la evolución de la psicología clínica va a estar relacionada con este hecho, al adoptar numerosos psicólogos clínicos el enfoque psicodinámico.

   En un artículo publicado en 1893, “Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas”, llevado a cabo por sugerencia de Charcot, Freud se enfrenta a la concepción médica del momento sobre la génesis de las parálisis histéricas. Semejante noción médica, respecto a la histeria, seguía postulando una etiología orgánica de la enfermedad, donde el cerebro iba a ser el órgano afectado en cuestión. Es decir, continuaba instando, al igual que la teoría clásica, una explicación organiscista donde, evidentemente, como hemos comentado, el cambio de persperctiva “de abajo hacia arriba” no era cualquier progreso después de siglos de inmovilismo. Sin embargo, a pesar de su importancia, aún no se establecían las condiciones de lo propiamente psíquico.
Es decir, considerando que un hito importante como el Copus Hippocraticum constituye una condición necesaria para el nacimiento de la psicoterapia, al desligar las enfermedades psíquicas y mentales de las concepciones sobrenaturales, pasando de los agentes externos a los estados internos del organismo, no hubiera sido suficiente si, a su vez, de los orgánico no hubiera surgido, digamos, un diagnostico diferencial de otro “interno” de los interno: lo psíquico, donde mental y cerebral dejarán de ser sinónimos. 

   Freud dice en el mencionado trabajo: “ ...la lesión de las parálisis histéricas debe ser completamente independiente de la anatomía del sistema nervioso, puesto que la histeria se comporta en sus parálisis y demás manifestaciones como si la anatomía no existiese o como si no tuviese ningún conocimiento de ella.
(...) La histeria ignora la distribución de los nervios, y de este modo no simula las parálisis periférico-espinales o de proyección. No reconoce el quiasma de los nervios ópticos, y por lo tanto no produce hemianospia. Toma los órganos en el sentido vulgar, popular del nobre que llevan: la pierna es la pierna hasta la inserción en la cadera, y el brazo es la extremidad superior, tal y como se dibuja en los vestidos. No hay razón para unir a la parálisis del brazo, la parálisis del rostro.
(...) Intentaremos demostrar que puede haber alteración funcional sin lesión orgánica concomitante, (...). No pedimos para hacerlo más que le permiso de pasar al terreno de la Psicología, imposible de eludir cuando de la histeria se trata.
(...) en todos los casos de parálisis histéricas se comprueba que el órgano paralizado o la función abolida se halla en una asociación subsconsciente, provista de un gran valor afectivo y se puede demostrar que le brazo(1) queda libre en cuanto dicho valor afectivo es hecho desaparecer (...) 
Charcot ha sido el primero en enseñarnos que para la explicación de la neurosis histérica es preciso recurrir a la Psicología.” 

   Aquí comienza a gestarse a la afrenta a la medicina. Algo por lo que Freud pagará muy caro.
“A mi regreso de París a Berlín me hallaba obligado a dar cuenta en la Sociedad de Médicos de lo que había visto y aprendido en la clínica de Charcot. Pero mis comunicaciones a esta Sociedad fueron muy mal acogidas. (...) Meynert me invitó a buscar en Viena casos análogos a los que describía y a presentarlos ante la Sociedad. Más los médicos en cuyas salas pude hallar tales casos me negaron la autorización de observarlos.. Uno de ellos, un viejo cirujano, exclamó al oírme: “Pero ¿cómo puedes sostener tales disparates? Hysteron (sic) quiere decir “útero”. ¿Cómo, pues, puede un hombre ser histérico”, así relata Freud en su “Autobiografía” de 1924, el recuerdo de aquellos inicios.

   Veamos, sucintamente, cual era la situación de aquel entonces.
Cuando Charcot se hace cargo de una de las secciones del hospital de París, La Salpetrière, en 1862, fruto del método anatomo-clínico realizó importantes contribuciones para el desarrollo de la Neuropatología (avances en el campo de las enfermedades nerviosas orgánicas, la esclerosis múltiple y lateral amiotrófica, etc.), hasta el punto de llegar a convertirse en el neurólogo más afamado de su tiempo. Pocos años después se interesó por el estudio de la histeria llegando a relacionar las parálisis histéricas con los estados hipnóticos.
Fue, sin embargo, su propia formación médica la que le resultó un impedimento a la hora de llevar más lejos sus interesantes investigaciones sobre el estudio de los síntomas histéricos.
Raramente un hombre puede ir más allá de sus prejuicios teóricos, y, por tanto, al final mantuvo su tesis dentro de la concepción clínica de sus contemporáneos, buscando una lesión neurológica concreta con la que explicar la reproducción experimental de las manifestaciones histéricas que, tanto en hombres como en mujeres, él mismo provocaba mediante hipnosis.
Después de que en 1883 Sigmund Freud se especializara en neurología –tras su ingreso en el Hospital General de Viena como médico Interno del Servicio de Psiquiatría bajo la dirección de Teodoro Meynert (1833-1892), anatomista y psiquiatra que contribuyó con sus descubrimientos a la teoría mielogenética de P. Fleching -, acudió a París, en 1885, para estudiar neurología en al clínica de Charcot, con una beca que obtuvo gracias al apoyo de su antiguo profesor de fisiología, el doctor Von Brücke. Allí, en La Salpetrière, tendrá ocasión de estudiar el tratamiento de la histeria mediante la sugestión hipnótica. A su regreso a Viena, después de una sólida formación médica de la que gozaba de prestigio (recordemos que ya había publicado algunos trabajos importantes sobre las parálisis cerebrales en niños y sobre la neurofisiología de la agnosia y de la afasia), Freud abre con éxito su consulta privada a la que acuden generalmente pacientes con “enfermedades de nervios”.

   “Mi arsenal terapéutico no comprendía sino dos armas, la electroterapia y la hipnosis, pues el envío del enfermo a unas aguas medicinales, después de una única vista, no constituía una fuente suficiente de rendimiento. Por lo que respecta a la electroterapia, me confié al manual de W. Erb, que integraba prescripciones detalladas para el tratamiento de todos los síntomas nerviosos. Desgraciadamente, comprobé al poco tiempo que tales prescripciones eran ineficaces y que me había equivocado al consideralas como una cristalización de observaciones concienzudas y exactas, no siendo sino una arbitraria fantasía. .” (“Autobiografía” / 1924 ).

   De este modo, con la inquietud propia de un espíritu científico, que en no pocas ocasiones tiene que actuar en contra de lo que serían sus propios intereses egoístas, fue como dos años después de su regreso a París, durante el verano de 1889, viajará otra vez a Francia, en esta ocasión a la llamada Escuela de Nancy, para perfeccionar su técnica hipnótica.
Paralelamente, y también dentro del seno de la medicina, después de que las enseñanzas de otro médico vienés, Federico Mesmer (1734-1815) – el descubridor del “magnetismo animal” a cuyo “fluido” el médico británico J. Braid (1795-1924), tratando de dar una explicación psicológica, denominó hipnosis -, fueran depuradas, resurgió en Nancy bajo las figuras de Liébault y Bernheim el interés por las mismas.
Sobre todo fue Hipólito Bernheim (1837-1919), médico y psicólogo fundador de la “Escuela Psiquiátrica de Nancy”, del que sacaría consecuencias importantes para la elaboración teórica posterior, llamandole poderosamente al atención el hecho de que el sujeto hipnotizado, cuando estaba ya despierto y era preguntado sobre los motivos de llevar a cabo la orden que se le había dado, desconociendo las causas que impulsaban su conducta, aducía razones, como si tuviese una necesidad de metir para explicar lo ignorado. Los mecanismos de defensa y los conceptos de represión y resistencia anidarán en la base de dichas observaciones.

   “ (...) desde un principio me serví del hipnotismo para un fin distinto de la sugestión hipnótica. Lo utilicé, en efecto, para hacer que le enfermo me revelase la historia de la génesis de sus síntomas, sobre lo cual no podía muchas veces proporcionarme dato alguno hallándose en estado normal. Este procedimiento, a más de entrañar una mayor eficacia que los simples mandatos y prohibiciones de la sugestión, satisfacía la curiosidad científica del médico, el cual poseía un indiscutible derecho a averiguar algo del origen del fenómeno, cuya desaparición intentaba lograr por medio del monótono procedimiento de la sugestión.
A este otro procedimiento llegué del modo siguiente:hallándome aún en el laboratorio de Brücke conocí al doctor Joseph Breuer, uno de los médicos de cabecera más considerados de Viena, que poseía además un pasado científico (...) .
Antes de mi viaje a París me había comunicado ya Breuer un caso de histeria, sometido por él desde 1880 a 1882 a un tratamiento especial, por medio del cual había conseguido penetrar profundamente en la motivación y significación de los síntomas histéricos”.

   Naturalmente, se estaba refiriendo al célebre tratamiento de la paciente Ana O., quien en le transcurso de los cuidados de su moribundo padre contrajo una enfermedad “nerviosa” caracterizada por un amplio abanico de síntomas histéricos: parálisis, trastornos oculares, contracciones, habla ininteligente, hidrofobia, alucinaciones con serpientes, y anorexia entre otros.
Fue precisamente esta señorita quien se refirió al método del doctor Breuer (hablar en estado hipnótico para provocar la mejoría de sus síntomas ) con los nombres de talking cure – cura hablando – o chimney sweeping - limpieza de chimenea - .
Dentro del amplio trabajo de los “Estudios sobre la histeria” hay un texto escrito en colaboración con el Dr. Breuer, publicado en 1895, “El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos”, donde se nos explicará:
“Con este método de investigación hemos obtenido en un gran número de casos resultados valiosísimos, tanto desde el punto de vista teórico como práctico.
Por lo que respecta ala teoría, nos han demostrado, en efecto, dichos resultados que le factor accidental posee en la patología de la histeria un valor determinante mucho más elevado de lo que generalmente se acepta y reconoce. En la histeria “traumática” está fuera de duda que es el accidente lo que ha provocado el síndrome, y, cuando de las manifestaciones de los enfermos de ataques histéricos nos es posible deducir que en todos y cada uno de sus ataques vive de nuevo por alucinación aquel mismo proceso que provocó el primero que padecieron, también se nos muestra una clara conexión causal. No así en otros distintos fenómenos.
Pero nuestros experimentos nos han demostrado que síntomas muy diversos, considerados como productos espontáneos – “idiopáticos”, podríamos decir – de la histeria, poseen con el trauma causal una conexión tan estrecha como la de los fenómenos antes mencionados, transparentes en este sentido. Hemos podido referir a tales factores causales neuralgias y anestesias de formas muy distintas, que en algunos casos venían persistiendo a través de años enteros; contracturas y parálisis; ataques histéricos y convulsiones epileptóides, diagnosticadas de epilepsia por todos los observadores; petit mal y afecciones de la naturaleza de los “tics”; vómitos persistentes y anorexia, llevada hasta la repulsa de todo alimento; perturbaciones de la visión, alucinaciones visuales continuas, etc. La desproporción entre el síntoma histérico, persistente a través de años enteros y su motivación, aislada y momentánea , es la misma que estamos habituados a observar en las neurosis traumáticas. Con frecuencia, la causa de los fenómenos patológicos, más o menos graves , que le paciente presenta, está en sucesos de su infancia. (...) no es tan sencilla la conexión entre; entre la motivación y el fenómeno patológico no existe sino una relación simbólica(...)
(...) los distintos síntomas histéricos desaparecen inmediata y definitivamente en cuanto se conseguía despertar con toda claridad el recuerdo del proceso provocador, y con él efecto concomitante, y describía el paciente con el mayor detalle posible dicho proceso, dando expresión verbal al afecto”.

   Seguirán otros trabajos importantes de investigación como los “Historiales clínicos” y “Psicoterapia de la histeria” – publicados en el mismo año – o “Etiología de la histeria” y “La sexualidad en la etiología de las neurosis” de 1898.
Aquí, todavía, utilizando el método catártico, lo sexual era eludido, no tan solo como factor casual, sino ni siquiera como elemento a tener en consideración.
“Había sido muy fácil adivinar en los estudios sobre la histeria la importancia que el factor sexual posee en la etiología de las neurosis”, escribirá Freud en su “Autobiografía”·

   Resumiendo : Freud, primero se distanciará de Charcot, quien consideraba una etiología neurológica para la histeria, buscando en la herencia biológica la causa de la misma. Freud sostiene, al principio con Breuer, que la causa de la relación simbólica del síntoma somático es producida por un trauma psíquico, pero Freud irá más lejos que su colega Breuer al considerar la naturaleza sexual de este trauma psíquico.
Posteriormente, durante el período científico del psicoanálisis - con la teorización actual del concepto de inconsciente -, Freud precisará aún más a cerca de dicha cuestión “traumática” de lo sexual. Y lo hará hasta concluir que lo traumático en sí es la sexualidad. Para ello tendrá que prescindir de los factores accidentales o circunstanciales de la misma ( incluso de su propia Teoría de la Seducción, según la cual eran hechos reales acaecidos en la infancia de los pacientes en forma de insinuaciones o prácticas sexuales, que tuvieron lugar sobre ellos por parte de los adultos más cercanos, generalmente los propios familiares ) , como factores determinantes de la enfermedad. Pasando a considerar “el hecho de la sexualidad” como estructurante , es decir propio de las personas tanto enfermas como de las sanas.

   5. DE LA TEORÍA DEL TRAUMA A LA DEL INCONSCIENTE 

   Con la publicación en 1905 de “Tres Ensayos para una Teoría Sexual”, Freud ampliará el concepto de sexualidad, no siendo, a partir de entonces, más sinónimo de genitalidad. Para ello fue necesario estudiar la sexualidad infantil y el inconsciente, e incluir ambas dentro de las “nuevas” maneras de “satisfacerse”.
“La teoría que habíamos intentado edificar en los Estudios era muy incompleta. Sobre todo, a penas habíamos rozado el problema de la etiología, o sea, el de la base del proceso patógeno. Posteriormente hube de comprobar con mayor evidencia cada vez que detrás de la neurosis no actuaban excitaciones afectivas de naturaleza indistinta, sino precisamente de naturaleza sexual, siendo siempre conflictos sexuales o repercusiones de sucesos sexuales pasados. He de hacer constar que no me hallaba preparado para tal descubrimiento, totalmente inesperado para mí (...).
Bajo la influencia de mi sorprendente descubrimiento di un paso que ha tenido amplias consecuencias. Traspasé los límites de la histeria y comencé a investigar la vida sexual de los enfermos llamados neurasténicos, que acudían en gran número a mi consulta. Este experimento me costó gran parte de mi clientela; pero me procuró diversas convicciones, que hoy en día, cerca de treinta años después, conservan toda su fuerza. Era, desde luego necesario vencer la infinita hipocresía con la que se encubre todo lo referente a la sexualidad.; pero una vez conseguido esto, se hallaban en la mayoría de estos enfermos importantes desviaciones de la función sexual(...)
De este modo llegué a considerar las neurosis, en general, como perturbaciones de la función sexual, siendo las llamadas neurosis actuales una expresión tóxica directa de dichas perturbaciones, y las psiconeurosis, una expresión psíquica de las mismas. (Autobiografía) ”.

   En los historiales, en el período pre-analítico, la teoría vigente es la teoría del trauma, según la cual cuando la energía de un proceso psíquico no puede llegar a la elaboración consciente, se dirige a una inervación corporal y produce los síntomas que estamos viendo. El método utilizado para la apropiación de esa realidad será el método catártico ( catarsis viene del griego katharsis y significa limpiza, purgamiento ), con el que se pensaba que rememorando, mediante palabras, aquellas situaciones traumáticas que le contaban los pacientes (abreacción) , se conseguía liberar el afecto unido a dichas situaciones reprimidas; y la técnica que se empleará para conseguir descargar por reacción aquellos traumas que habían permanecido sin poder ser liberados será la hipnosis, obteniendose la desaparición del síntoma.

   Debido a las dificultades técnicas que la hipnosis presentaba, p.ej., que no todos los pacientes se prestaban a ser hipnotizados, que dependía en gran parte de la propia habilidad personal del terapeuta ( del cual el no se consideraba un buen especialista, motivo por el cual viajó a Nancy al enterarse de que en dicha escuela se utilizaba la sugestión, con hipnosis y sin ella, para estos fines ), así como que le tiempo de la duración temporal de los beneficios terapéuticos, se pasó a otros métodos persuasivos donde la sugestión ya no era hipnótica ( el apremio o imposición de manos sobre la frente del paciente pidiéndoles concentración y alentándoles a recordar y comunicarle cuanto les viniera al pensamiento, fue uno de estos procedimientos ).
Luego, paulatinamente, la hipnosis pasó de ser la terapia en sí a convertirse en el medio o vía de acceso para encontrar la relación entre las circunstancias provocadoras del síntoma y el fenómeno patológico. Sin embargo, tanto estas como las otras variantes sugestivas, además de seguir siendo embarazosas para el médico y para el paciente, continuaban dejando intacta la capacidad de os pacientes para enfermar ante nuevos traumas.
Legar, finalmente, a la técnica de la Asociación Libre, una vez formalizado el concepto de inconsciente fue todo un salto cualitativo dando al nuevo “método de investigación y curación resultante el nombre de psicoanálisis en sustitución al de catarsis ” (Autobiografía).
Freud, con esa sensibilidad que lo caracterizó en el trato con los pacientes, estuvo siempre atento a las indicaciones que ellos le hacían; así, ya en el primero de sus historiales clínicos, el caso Emmy de N. ( señora de cuarenta años, aquejada de histeria, a la que comenzó a prestar asistencia médica en 1889 ), utilizando la hipnosis, la paciente le reprocha en un momento del tratamiento que no debía decirle lo que ella tenía que recordar, sino que debía dejarla hablar: “¡Estése quieto! ¡No me hable! ¡No me toque! ”.

   Es decir, en el período pre-analítico ( anterior a la etapa fundacional o científica del psicoanálisis, la técnica, surgida de la labor de investigación, irá guiando a la teoría, y , por lo tanto, la precederá. Algo que dejará de producirse, como estamos viendo, cuando la teoría sea la del Inconsciente; el método el de Interpretación ( Interpretación-Construcción ), y la técnica la Asociación Libre y la Transferencia. A partir de entonces, la teoría comandará sobre la técnica, dando cuenta, de ahí en adelante, siempre de la misma. 

 _______________________________________________________ ( Reproducción de los cuatro primeros apartados y de parte del quinto, de los nueve puntos que componen este trabajo )

 FOTO 1: " La lección del Dr. Charcot en la Salpêtrière (1886) / Óleo de P.A.Broulliet / Hospital neurológico de Lyon 
FOTO 2: Fotografía de la portada del libro "El teatro de las histéricas ( de como Charcot descubrió, entre otras cosas, que también había histéricos ) / Dr. Héctor Pérez-Ricón 

 Artículo aparecido en la Revista de Psicología "Enginy" / Núm. 11 - Año 2001. Autor: José García Peñalver



José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com