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¡Mírame!
La Fase del espejo

NOVECENTO
En 1936, en el Congreso anual de la Asociación Psicoanalítica Internacional que se celebró entre los días 2 y 8 de agosto en Marienbad, Lacan desarrolló la importante teoría de la Fase del Espejo. Una célebre hipótesis en la que alguien del campo médico, con autoridad y preparación suficientes, expuso una explicación científica extraordinariamente novedosa sobre la constitución del primer esbozo del Yo.

¿Y quién es este señor, se preguntarán algunos de ustedes? Bien. Quizás antes de entrar profunda-mente en materia, sea conveniente hacer un paréntesis para presentarles a uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, Jacques-Marie Émile Lacan. Lacan es un personaje controvertido donde los haya. Psiquiatra y psicoanalista (y para muchos también un filósofo de peso) francés nacido en París un 13 de abril de 1901. ¡Pintaba bien la nueva centuria! Oh là là, Paris! Europa prometía. Íbamos a vivir una agitación cultural y artística sin precedentes en el corazón del viejo continente. Claro, que como bien saben, la barbarie también vendría en el pack.

Lacan es, sin lugar a dudas, el psicoanalista más polémico de todos los tiempos. Aunque tampoco podemos presumir mucho en ese sentido porque la Teoría del Inconsciente recién estaba en su primer año de vida cuando él nació, en tanto en cuanto se considera la obra de La Interpretación de los Sueños de Sigmund Freud, publicada en 1900, el punto de inflexión conceptual que inscribirá al psicoanálisis en la Historia del Conocimiento. Algo que tiene lugar cuando se produce el viraje de la noción de subconsciente al concepto de inconsciente, dejando atrás el período pre-analítico o pre-científico de los estudios sobre la histeria para instaurarlo como disciplina científica. Este punto ya lo traté detenidamente en anteriores escritos de la revista ENKI, les remito a ellos.

¿Y por qué precisamente recae en La interpretación de los sueños la honra de ser un hito en el desarrollo del psicoanálisis en particular y de la psicología clínica en general? Porque cuando Freud publica esta obrita -¡un libro de más de 600 páginas!-, él ya tenía elaborada la teoría del inconsciente, por lo que va a aprovechar la escritura de este texto para exponer aquel funcionamiento del aparato psíquico sobre el que había investigado en su devenir clínico. Freud no tenía ninguna duda de que el psicoanálisis curaba, la cuestión era cómo explicar y argumentar todo este nuevo estado de cosas.


RETORNO A FREUD
Una “excusa” si quieren. El astuto del Sigmund nos seducirá con un acontecer de la vida diaria,-al igual que inmediatamente después hará lo propio con Psicopatología de la vida cotidiana publicada en el año del nacimiento de Lacan-, para dar cuenta de otra de las formaciones del inconsciente habituales y no mórbidas: los actos fallidos; una brillante argucia para generalizar los descubrimientos que halló en los mecanismos psicopatológicos de las histéricas al darse cuenta que los procesos que éstas llevan a cabo en sus mentes no son cualitativamente distintos del resto de las personas consideradas sanas, puesto que él ya había observado que los efectos del deseo inconsciente también se dan en el sueño, utilizando para su realización los mismos engranajes que los síntomas neuróticos.
De ahí que La Interpretación fuera, digámoslo así, un pretexto, una hábil maniobra para confeccionar algo de suma importancia: el primer tratado médico sobre un “nuevo” aparato psíquico que incluyera la localidad inconsciente. A esta psicología ampliada, distinguiéndola de la psiquiatría clásica de la época, la denominó metapsicología, término que acuñó para considerar una concepción innovadora acerca de la existencia de una causalidad psíquica con base en el inconsciente. También comenté (por escrito), en la revista, respecto a cuestión en su día. Y es que no es lo mismo el lenguaje hablado que el escrito. Por ejemplo, no es cierto que Freud dijera (que lo dijo) que los sueños tienen sentido. ¡Freud lo escribió! Freud se sometió al proceso de la escritura como formalidad científica para exponer y desarrollar su tesis, a saber: el sueño tiene sentido, después de ser interpretado con el método psicoanalítico, y éste se nos revela como una realización disfrazada de un deseo edípico, es decir, sexual, infantil y reprimido.

Cierro paréntesis. Lacan, como el maestro Freud, es un personaje polémico que tampoco dejó indiferente a nadie. Alguien que generó debate y agitó las aguas mansas de la conciencia de lo políticamente correcto sobre la naturaleza humana. Denostado, admirado, criticado, venerado…, odiado y amado (inclusive a la vez), particularmente por el club de la erudición, que es lo relevante. El resto… ¿a quién importa el pensamiento de la mediocridad? De esa masa, mayoritaria y amorfa, que solo sabe opinar, es decir, reproducir el discurso del gran Otro. Nadie hablará de ellos cuando estén muertos. Así de claro.

PARÉNTESIS
Abro otro. Cuando me metí, digamos a jornada completa en este complejo mundo psi, como psicólogo clínico y ejerciendo de psicoanalista -hace ya más de 2 décadas-, la Junta de Representantes de Psicología de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) me invitó amablemente a participar como ponente en un taller sobre los sueños dentro del programa de aquel año de las Jornadas de Psicología organizadas con mucho mérito y acierto por ellos mismos: los alumnos de dicha Facultad (no en vano estas son las más antiguas de España planificadas exclusivamente por estudiantes). Me hacía ilusión ver que los futuros psicólogos de la Comunidad Balear, a diferencia, y a pesar de sus mayores, se interesaran por el Psicoanálisis. Por extraño que pudiera resultar, en algunas comunidades españolas como ésta, supuestamente abiertas al mundo, que además cuenta con dos Facultades de Psicología: UIB y UNED (ahora también la UOC), el psicoanálisis estaba vetado. ¡Sí, como lo oyen! La desaprobación llegaba hasta el extremo de no contar en los programas de estudios de las mismas ninguna materia al respecto. Patético. Algo incomprensible y completamente absurdo que la ciudadanía debe saber.

Sigamos con la anécdota. Era un grupo numeroso y ciertamente participativo de jóvenes alumnos de los primeros años de carrera. Finalizada mi exposición, y antes de iniciar el turno de preguntas de la primera hora del taller, en el momento en que repartíamos unos folios con ejemplos de sueños típicos para trabajar después del descanso, un docente apareció no sé de donde para dirigirse desde el fondo del aula en voz alta y con manifiesto desdén en estos términos: “¿A qué viene hablar tanto de ese filósofo (se refería a Lacan)? Estás en la Facultad de psicología, no de filosofía”. En aquel momento, a dios gracias, contaba con la inestimable ayuda de una asistenta en prácticas que cursaba las últimas asignaturas de la carrera, quién con mucha psicología me propinó un suave puntapié por debajo de la mesa al que estaré siempre agradecido, puesto que frenó mi impulso de dirigirme calentito al culto profesor ¡de psicología! Opté por no contestarle, y ahí quedo todo: en un estrepitoso ridículo a modo de vergonzoso ejemplo del statuo quo de la enseñanza y transmisión de esta joven también disciplina en algunos lugares de nuestra geografía. No me extraña que por aquel entonces fuera de dominio público que para según que convocatorias de trabajo de psicología a nivel nacional pidieran abstenerse a los licenciados Baleares.

¿Y por qué les cuento todo esto? Ah sí, como prueba empírica del (incomprensible) desconocimiento que a niveles académicos pueden llegar a tener estos genios que se encargan de formar a quienes en el futuro velarán por nuestra salud.

Vamos a dejar las cosas claras: ¿Cómo es que, inclusive en la actualidad, en facultades como la UIB o la UNED no se estudie mínimamente (a veces ni de pasada) uno de los grandes enfoques de la psicología clínica? Existen cuatro orientaciones fundamentales en la psicología clínica: psicodinámica, humanística, conductual cognitiva y sistémica o familiar. Tampoco es que es el modelo humanista o el sistémico salgan mejor parados, se lo digo con absoluto conocimiento de causa. Fíjense lo obsesionados que están en algunos lugares con la teoría del aprendizaje o behaveurismo norteamericano (modelo cognitivo conductual; más lo segundo que lo primero) de moda en su momento, que como estudiante te hacen rendir exámenes en los que tienes que hablar de la falta de fiabilidad y validez de lo otros métodos sin leer ni una sola página de escritos representativos pertenecientes a autores relevantes de dichas orientaciones. Por ejemplo, y esto lo he sufrido en carne propia, en algunas preguntas tipo test, a desarrollar o en comentarios de textos, te piden que, ¡sin leer ni una sola página de la extensa obra de Freud! argumentes el por qué La Interpretación no puede considerarse científica, bla, bla, bla... ¡Menuda objetividad! Si esto no es o se parece a adoctrinamiento ideológico… Como si además, el sacro santo modelo hipotético deductivo fuese el único paradigma científico. ¡Virgen santa, cómo se puede ser tan ignorante con aspectos epistemológicos o de la teoría del conocimiento que, aquí sí: en filosofía, se estudian a fondo! ¿Qué clase de profesionales están formando en ciertas universidades? En la carrera de medicina, y más concretamente y de forma extensa en los libros de textos de la especialidad de psiquiatría, como no puede ser de otra manera, sí se estudian estos cuatro modelos psicoterapéuticos, junto a su mirada farmacológica sobre el tratamiento de los trastornos mentales o psicoafectivos. Lo lógico sería que, precisamente el psicólogo, sobre todo el que se va a dedicar al ámbito sanitario o clínico supiese más que nadie de todos los abordajes y que, desde el conocimiento de los mismos, eligiese lo que él considere más a fin a lo que será su praxis.

¿Saben que la formación de psicólogos en las universidades de un país como la Argentina, donde la mayoría de docentes suelen ser psicoanalistas, por el contrario, las materias en teoría del inconsciente copan de manera casi exclusiva el temario de las mismas? Reflexionemos.

EL TREINTA Y SEIS
Volviendo al Congreso de Marienband de 1936, en concreto al 3 de agosto; Lacan, recientemente ingresado en la Sociedad Psicoanalítica de París, presentaba públicamente su trabajo sobre La fase del espejo. Por aquel entonces, España, desde ese fatídico 18 de julio del mismo año, recién comenzaba a desangrarse en una estúpida y cruenta guerra civil entre hermanos. La misma madrugada del 3 de agosto, mientras los ponentes del Congreso descansaban de la jornada, la basílica del Pilar de Zaragoza, a la luz de la luna llena, sufría un bombardeo por la aviación republicana. Meses después, en el pabellón español de La Exposición Internacional de París de 1937, colgaba el Guernica. Dos estampas lacerantes de lo despiadada que puede llegar a ser la idiotez humana. Dos retratos de un país, mi país, enloquecido por los efluvios de la intolerancia. Intoxicado a rabiar por la bilis negra del odio. Por esa asquerosa inquina que inunda los lugares más recónditos del ser, encharcando de inmundicia los corazones y echando completamente perder el cerebro. ¡Qué inconmensurable tristeza! Si bien era un desastre anunciado, que se veía venir. ¿Qué podía esperarse de un pueblo repodrido de envidias, envenenado por el rencor incubado durante años, de tantas telarañas mentales y tonterías no superadas? La devastación estaba escrita en nuestro destino como nación. Y lo peor, si es que puede haber mayor bajeza que despellejarse entre hermanos de sangre hasta morir como perros apaleados, es que después de más de ochenta años del cochino conflicto armado, de retorcerse mutuamente de dolor, matar, enterrar y llorar a los muertos de uno y otro bando, las jodidas almas de algunos agitadores politicuchos de tres al cuarto, aún hoy no descansan en paz. Pareciera que en su podredumbre moral, aires de revancha y golfería sin límites, quisiesen que una parte del cuerpo social permaneciese gangrenado de por vida, enfrentados a elegir a muerte entre dos colores antagónicos para sus perversos intereses partidistas. ¡Qué asco!

Europa aguardaba expectante. Norteamérica y el resto del mundo permanecían ajenos a los que se avecinaba: el estallido de otra atrocidad. Desgraciadamente, tropezar en la piedra de la Primera Contienda Mundial no agilizó los reflejos. La carnicería española era el preludio de otra masacre. Más de 50 millones de muertos y cientos y cientos de miles y miles de damnificados de toda clase, a lo largo y ancho del planeta, lo atestiguaron después. Sí, es una lástima que el ser humano se relaje tanto y no ponga más interés en prestar atención y aprender de ciertas lecciones de la vida. Una vez más, la profilaxis brilló por su ausencia. No hubo limpieza, excepto étnica.

José García Peñalver
Psicólogo Clínico. Psicoanalista
Dir. Gabinete Psicoanalítico Palma
Artículo íntregro publicado en la edición número 35 de la revista cultural ENKI. Año 2019


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Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com