iniciopsicoanalisisarticulosenseñanzadepartamentosnoticiascontacto datos personales

Clinica Psicoanalitica

Arte, Cine
y Psicoanalisis

Literatura y Psicoanalisis

Economia y Psicoanalisis

Otros

Tú decides tu síntoma

En el artículo de esta edición, considero necesario traer a la conciencia del lector algunas aportaciones que el desarrollo del descubrimiento del inconsciente ha traído a nuestra cultura, incluso en los estratos más sencillos del saber popular. Justamente, desde el saber popular algo podemos sospechar, y tiene que ver con el espacio de reflexión que deberíamos estar dedicando cada uno de nosotros, mayores de edad en facultad de votar, derecho que sostiene y anima una vida en comunidad sujeta a una libertad democrática.

Ya lo dice el dicho, “mar revuelta, ganancia de pescadores”. Y parece que seguimos todos envueltos en mareas, marejadas y borrascas interminables. Un mundo virtual y audiovisual que anuncia, divulga, proclama y difunde malestar y confrontación, radicalismo de opiniones y propuestas y promesas de cambios drásticos de rumbo en los “grandes temas” que comprometen el porvenir de nuestra sociedad.

Y sí, no soy osado al decir que el pescador es el político, y que el pez es el ciudadano convocado a votar. Es vox populi que la propaganda electoral algo tiene de engañosa.

Todos los aspectos de nuestra vida en común están sujetos a tecnologías: de la educación, la información o de la economía, llegando ya a ser jerga habitual hablar de “gestión de las emociones”, como si la facultad de atemperar los ánimos tuviera algo que ver con un préstamo hipotecario o un diario de cuentas entre el debe y el haber.

Desde este discurso imperante, las grandes verdades de la vida son reducidas a evidencias de la ciencia, son tangibles, y proponen un camino de vida mensurable, predecible en términos de probabilidad y posible a través de los logros y adquisiciones de los progresos de la ciencia en cualquier ámbito donde dedique su esfuerzo económico y profesional cualquier industria tecnológica.

Pero poco habla este discurso de sus “contraindicaciones”. No advierte del efecto sobre el sujeto, esa primera persona del singular que habita en cada uno de nosotros: éste queda reducido a datos objetivables al servicio de la investigación, en provecho del descubrimiento de quien dirige el análisis estadístico, desde el Instituto Nacional de Estadística, pasando por los famosos algoritmos de Facebook al servicio del marketing y pasando, finalmente, por las estimaciones de voto antes de las jornadas electorales. ¿Acaso aún alguien duda que nos van a contar lo que queremos oír? ¿No es ese el mejor reclamo para llamar nuestra atención?

Quizás por eso es tan complicado que el psicoanálisis consiga atraer la atención del público general, pues desde un inicio reveló aspectos íntimos del ser humano frente a los que la sociedad mantenía una estricta censura y los ciudadanos, uno a uno, una estricta represión, tan poderosa y eficaz, que nos tenía literalmente divididos: el Yo Consciente y el Ello Inconsciente, sede de los instintos más perversos y agresivos, el animal indómito que llevamos dentro, fuente de eterna insatisfacción y de apuros morales para satisfacer las pulsiones en una sociedad generosa pero restrictiva en cuanto normas, valores e ideales.

Afortunadamente ha habido progreso, y del susto y la repulsa del mundo académico inicial surgió una minoría atrevida, que continuó investigando y ofreciendo una terapéutica frente al malestar propio en cada momento histórico de nuestra cultura, hasta llegar a nuestros días, cuando pareciera que “casi todo” puede decirse y hacerse, y donde la clínica de la represión se ha trasladado a la clínica de la perversión y las adicciones.

Más allá de la enseñanza uno a uno que puede aportar pasar por un análisis personal, en el desvelamiento del inconsciente y el descubrimiento de las causas psíquicas de los síntomas, existe también una necesaria divulgación popular de los analistas hacia la población general, propia del deseo del analista y en relación con el cometido que le llevó a ejercer dicha función, gracias a la cual consigue hacer del amor y el trabajo coordenadas de la salud.

Este es pues el propósito de este artículo. En concreto, que le llegue la noción de salud como decisión propia y particular, ejercicio de saber hacer con lo que cada uno sabe y supone saber acerca de si mismo, y avance conforme su deseo, que, desde una óptica del Inconsciente, está estructurado según una lógica de la insatisfacción o la imposibilidad, y que en el día a día, según estructura clínica, habrá que soportar un monto de duda, inhibición, anhelos o reminiscencias, culpa o desafíos por una fe ciega en ideas de rango delirante.

Haga o no haga, vote a quien vote o incluso si no vota, usted decide. Sea cauto, no inconsciente, pues el Inconsciente ya decide por usted. Vigile los afectos que le muevan a la acción, pues son síntomas, no de los problemas sociales que las nuevas políticas pretenden resolver, sino el acceso a una auténtica revuelta interior, la de sus pulsiones y objetos de deseo inconsciente.

Javier Alejandro Kuhalainen Munar
Psiquiatra
Psicoanalista
Responsable del programa de atención a familias del Área de Salud Mental de Tramuntana

Ilustración: ¿Izquierda o derecha?, realizada por el autor

Artículo íntregro publicado en la edición número 33 de la revista cultural ENKI. Año 2019


José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com